En el camino
Ellas son Zenobie, a la izquierda, y Francesca, la de blusa blanca y mirada sugestiva. Nos vimos en Chacahua pero sólo cruzamos miradas. Después, a bordo de todos esos transportes que acercan y alejan me contaron algo de sus historias.
Zenobie tiene 29 años, es canadiense y viaja en una combi con su ex marido y sus tres hijos. Le gusta México, es el lugar que encontró para escapar del invierno extremo de Quebec. Es la segunda vez que viene. Se queda seis meses, gasta poco. En su país es trabajadora social.
Sus hijos son tres rubios mínimos que ya hablan algo de español. Juegan en el mar, buscan piedras raras y tienen un bronceado que nunca lograrían en Canadá.
Duermen todos adentro de la combi, una Volkswagen de los años 70 con un desorden monumental. Está estacionada a 15 metros del mar, en Mazunte. Parece que los padres se separaron hace poco pero igual viajaron todos juntos porque era más cómodo. Ella se fue unos días de vacaciones a Chacahua con su amiga Francesca, mientras los niños se quedaron con su padre. Dice que le guastaría tener una niña. Sólo le falta un padre. En Chacahua se ofrecieron varios, sin éxito.
Francesca es italiana y está en viaje hace dos años. Tendrá treintipocos. Salió en 2005, cuando terminó su carrera de Economía. Sólo sabía que quería venir a América Latina. El resto fue todo azar. Habla español -chilango a la perfección, le gusta escribir y decidir dónde ir y con quién. Por eso renunció a su trabajo de guía en GAP Adventures, una empresa canadiense de turismo a medida. El trabajo lo había conseguido estando de viaje. Acompañó turistas por el interior de México, Guatemala, Costa Rica. Fue una oportunidad de conocer gente y lugares. Ganó dinero, pero hace unos meses dijo basta.
De repente sintió que el viaje la manejaba, que ella no tenía el control. Que si no había límites viajar podía ser un trabajo más, una rutina. Que necesitaba estabilidad, un lugar adonde volver. En ese momento decidió regresar a Italia, para buscar el equilibrio, para ver qué le gustaría hacer más allá de viajar. Eso será en unos meses.
Mientras tanto, sigue coleccionando anécdotas que pronto contará en un blog. Sigue en el camino.
La primera impresión de Puerto Escondido no fue buena. Me pareció un lugar grande, con demasiadas construcciones, gastado. Me lo imaginaba diferente, más íntimo. Quizás por eso, cuando vi anunciada en un bar la película donde escuché por primera vez el nombre de esta playa, me apunté para verla.

Arrancó puntual y en la primera curva me dormí. Pero en la número 20 me desperté por un ronquido poderoso, como si resumiera el ronquido de la humanidad.
Los mexicanos mueren por la nieve. Los más nice enseguida aprenden a esquiar y van a Aspen o a Bariloche. Todo el resto tendrá la oportunidad de su vida este fin de año.



Para celebrar los 50 años de la muerte de
Decía que no hay fotos del cuadro. Tampoco se pueden sacar en el museo, ni siquiera sin flash. El distraido que saque una deberá borrarla en presencia del cuidador de la sala. Los derechos sobre el cuadro son del gobierno ruso.
Tan importante es el nopal que está presente en el 





