Tres diarios
Hace algunos años que tengo el libro en la biblioteca. Pero lo descubrí este fin de semana, gracias a un colega de Chile que me animó a leerlo.
Conozco a Pancho Mouat por el Empampado Riquelme, la historia increíble historia de un hombre que se perdió en el desierto de Atacama, se empampó y durante más de 40 años no se supo de él.
También supe que hace poco, Mouat lanzó su nuevo sello independiente, Lolita Editores, que este mes presenta varias novedades entre ellas la reedición de Equipaje de mano, de Juan Pablo Meneses.
En Tres viajes el autor rescata tres diarios de viaje escritos por tres personas amigas que en diferentes momentos de su vida llevaron una agenda de vida.
El primero es el diario de José Luis López Zubero, un oftalmólogo español que en 1967 fue voluntario en Vietnam y durante los dos meses que estuvo allí hizo curaciones, operó, nadó, escuchó bombas, vio lo mejor y lo peor del ser humano, caminó entre amaneceres brumosos, fue a fiestas Hibye (de bienvenida y despedida, constantes en la guerra) lloró y escribió.
Sábado 17 de junio
Me voy caminando un kilómetro a desayunar, en la bruma del amanecer. Paso a través del mercado con sus bicicletas y escucho la propaganda de los altavoces. El teniente chulín, que se cree alguien siempre con su rifle, me lleva después al hospital. Hago dos cataratas y una reconstrucción de párpado. Veo a una niña de 13 años que parece de 5. Después vamos a comer y a nadar dos horas. Los pilotos de los helicópteros comentan sus muertes y la suciedad del país, todos con bronceadores, gualetas y colchonetas de agua. Hay unos “esclavos” arreglando una lavandería para las monjas. Volvemos. Leo Qué verde era mi valle. Lloro. Pienso en mi madre y en el pasado. Aquí en Vietnam veo todo más objetivamente. Sin teléfono, sin televisión. Sólo las bombas de lejos me recuerdan que la muerte está cerca. Veo Lord Jim de nuevo: “Lo que importa no es lo que haces, sino por qué lo haces”.
El segundo diario lo firma Fernando Plazuelos y fue escrito en 1987, con veintipocos años, cuando se aventuró a los mares del sur soñando con hacerse millonario durante la fiebre del loco. En vez de eso, aprendió a hacer pan, comió erizos hasta cansarse, naufragó frente a la costa y escribió un diario de viaje que después guardó en una caja de zapatos durante casi veinte años.
Lunes 11 de mayo
Llovió durante casi todo el día. Las discusiones van in crescendo y es natural, dada la gran espera y lo cerca que estamos del levantamiento de la veda. En esta ocasión la descarga de energía acumulada apunto al Chico Rigo, por su apozamiento individual en los roqueríos adyacentes a nuestro campamento. Creo que ha sido el día en que he comido más erizos en toda mi vida. Comencé en la mañana y aún acostándome tuve que regalar un plato lleno, porque no podía más.
Con Teodoro Perico fuimos a buscar luma a un bosque distante y muy hermoso.
El último diario es una breve agenda de Dolores Ezcurra, una mujer enferma de cáncer que debe criar sola a sus dos hijos y sabe que va a morir.
Sábado 25 de febrero
Dolores en la espalda y en el pecho. Flemas. Respiración. Dilatación de tragada. Puntadas.
Además de la selección y edición de los diarios, Mouat hace pequeñas entrevistas con los autores de los diarios. Y en el caso de Dolores, transcribe viejas cartas que ella le escribió durante años de amistad. Un libro donde el autor más que escribir, selecciona, edita, transcribe, muestra, comparte. Un libro y un acto de generosidad.


Atrás del GAM se despliega Lastarria a pleno, un barrio que enseguida se junta con Bellas Artes, toda la zona que rodea al museo. Cafecitos (es el sector con más cafeterías de Santiago), restaurantes recomendados, tiendas de diseñadores, feria de antigüedades y libros usados en la calle Lastarria, El Emporio de la Rosa, una heladería donde para muchos se encuentran las mejores cremas de Santiago, el excelente MAVI (Museo de Artes Visuales), tiendas de ropa vintage, teatros, galerías de arte y dos espacios verdes: el Parque Forestal, algo así como el Central Park chileno, y el Cerro Santa Lucía, con un mirador en la cima. Es una zona que recuerda en espíritu a las primeras épocas de Palermo. Y algo que no es fácil de encontrar en Santiago: es una zona peatonal.
El cine de Nanni Moretti queda en Trastevere, en la parte menos turística del barrio romano, atrás de los bares y del ruido.

El 
Para regresar a la ciudad, el Metrocable es la mejor opción… a menos que en la góndola viaje una señora como doña Gloria, una mujer se subió a pesar de tenerle pánico a las alturas y se pasó media hora gritando palabrotas cada vez que sentía un mínimo movimiento o miraba hacia abajo.








