La noche de Valparaíso

Ahora mismo, unas horas antes del Año Nuevo, Valparaíso vive su minuto de gloria.

Los restaurantes de los cerros están reservados y los hoteles llenos, con las mejores tarifas de su vida. Los cocineros hierven caldillos de congrio y limpian camarones; los perros sin dueño no se imaginan el susto que se llevarán dentro de algunas horas y los ascensores suben y bajan con mayor frecuencia que nunca.

Por las calles van y vienen extranjeros que llegaron de lejos para ver cuál es esa magia de Valpo en Año Nuevo. Posiblemente ya sientan la efervescencia de los porteños, la taquicardia de la ciudad cuando se acerca esta fecha.

En los barcos de la bahía, algunos hombres alistan la carga de fuegos artificiales y en las laderas de los cerros Alegre, Bellavista, Cárcel y otros con nombres menos conocidos, la gente cuida su lugar y espera para ver cómo por unos minutos la noche se hace de día. Se ven sillas, mesas, carpas, botellas de champán. En un rato se encenderán las luces de los cerros. Como me dijo un poeta porteño, por las noches, la ciudad se cubre de estrellas. No importa si es Año Vejo o Año Nuevo.

En un rato la gente estará bailando y celebrando por las calles, pero ahora mismo, unas horas antes del Año Nuevo, Valparaíso disfruta su minuto de gloria.


Llegó el Obama tour a la isla de Lost

obamatourUltimamente, la realidad provee y en Hawaii se diseñan tours.

En los últimos meses, la vida y las raíces de Barak Obama se han convertido en un próspero recorrido turístico en la isla. Por ahora lo realizan sólo unas pocas agencias, pero ya se lo promociona en forma oficial.

No es la primera vez que en Hawaii se arman tours a partir de la realidad. Desde hace un tiempo se han hecho populares los tours de Lost, en los que los fanáticos de la serie pueden recorrer en dos horas 16 locaciones de la filmación de la serie. Para los últrafanáticos, el tour que da la vuelta a la isla de Oahu en un Hummer es más completo.

Con el éxito de Obama, los hawaianos diseñaron el Obama Tour, un circuito donde se cruzan lugares donde el futuro presidente de Estados Unidos: vivió con sus abuelos, fue al colegio, jugó al básquet, tuvo su primer trabajo y salió con sus amigos.

Según declaró a un medio local uno de los guías de la nueva experiencia, no se trata de un tour político sino de un paseo por los primeros años de su vida, con “muchísima información” sobre su vida en la isla. Uno se enterará en qué hospital nació, a qué cine iba y también cuál es su plato favorito. Lo del mal aliento en las mañanas y los calzoncillos tirados ya lo adelantó Michelle en plena campaña.

obamatour1El recorrido dura dos horas y media, cuesta 40 dólares y al parecer muestra cómo influyó en la vida del líder su infancia en Hawaii, unos treinta años atrás.

Mientras tanto, en Waikiki los chicos siguen surfeando bajo el sol. No muy lejos de Sandy Beach, la playa donde Obama se puede haber bañado hoy.


Aquél buen cuento navideño

Mis mejores deseos para una Navidad de cuento.

(con perdón por el doblaje gallego, prometo subir la versión subtitulada ni bien la encuentre)


El blues del Gran Capitán

El Gran Capitán es un tren que va desde Buenos Aires hasta Posadas, la capital de la provincia argentina de Misiones.

Una vez más, hoy salió en todos los diarios. El motivo es el mismo de siempre: la impuntualidad insólita. El tren se demoró más de diez horas en partir. La gente durmió a bordo y muchos lloraron porque no llegarían a ver a sus familias para la Navidad.

Las demoras del Gran Capitán no son nuevas. Hace tres años hice el viaje y escribí un artículo para el suplemento de Turismo de La Nación. Fue en verano, un día de mucho calor donde curiosamente el tren salió en horario. Los pasajeros no podían creerlo. Miraban los relojes y sonreían con fe. 

Pero mientras la tierra se volvía colorada y la vegetación se espesaba, El Gran Capitán comenzó a atrasarse cada vez más. Hasta que un poco antes de Apóstoles y después de 26 horas de viaje, el tren descarriló.

Recuerdo un golpe seco y después gente caminando y corriendo y trajinando pertenencias por los costados selváticos de las vías. Nadie se lastimó. Es difícil lastimarse porque el tren va muy despacio, a unos 40 kilómetros por hora. No puede ir más rápido, las vías están en pésimo estado. Un tema pendiente y que seguramente no estará incluido en el plan de obras públicas de 71.000 millones de pesos anunciado por CFK.

Alguna vez este tren que viaja al Litoral fue un Gran Capitán y como me dijo un viejo empleado de ferrocarriles andaba tiki taca. Pero hace tiempo que ya no. Hace tiempo que tomarlo es un viaje incierto, igual que todos los viajes en las rutas argentinas. Y tal como sucedió ayer, puede partir 11 horas más tarde de la hora programada. O como me pasó hace tres años, puede partir puntual y no llegar nunca.

Después del descarrilamiento en Apóstoles nos llevaron a una estación de ómnibus donde cada pasajero sacó un pasaje para llegar a destino.  Hoy volvió a ser noticia pero hace tiempo que el Gran Capitán ha perdido su gloria.


Vacaciones de lectura difícil

playa

En las vacaciones, soy de las que descansa cansándose. De viaje, prefiero salir a explorar, hablar con la gente, caminar, nadar, mirar mapas, trepar, ir y venir. Vacaciones inquietas. Vacaciones de lectura difícil.

Aún siendo lectora dedicada. Cada noche, me cuesta dormirme si antes no leo aunque sea un párrafo de un libro. Pero en las vacaciones no. Igual, en un gesto rebelde, siempre llevo libros –a veces incluso más de uno–, pero lo cierto es que vuelvo con el señalador en la primera página.

Todavía no salí de vacaciones. Seguramente por eso estoy leyendo. Hace unos días empecé “El viaje del elefante” y me entretienen las aventuras de los cuidadores de Salomón o Solimán y el humor de Saramago y el viaje épico y la prosa inspirada en el habla coloquial del siglo XVI. Pero sé que si me llevo “El viaje del elefante” lo abandonaría antes de que el paquidermo llegue a Valladolid.

elultimoencuentroCon Sándor Marai eso no me pasaría.  Aunque esté de moda y algunos se nieguen a leerlo sólo por eso, desde que terminé “El último encuentro”, unos meses atrás, me hice fanática del escritor húngaro. Sus historias trascienden la geografía y la Europa de entre guerras. Marai posa su ojo profundo en los misterios de las relaciones personales, que resultan tan cercanas a pesar de la diferencia de época y lugar.

“El último encuentro” trata sobre dos amigos inseparables que se vuelven a ver después de cuarenta años. Los silencios perturbadores, el pensamiento agudo, los bosques oscuros y el misterio que ronda las páginas logran que desde el comienzo hasta el final, no se pueda dejar de leer, aún en vacaciones.


Día Mundial del Camionero


A los amigos de los viajes, salud

Tengo algunos buenos amigos que conocí viajando, hace ya muchos años. Oscar Núñez, Jerry para todos, es uno de ellos. Vive en Viña del Mar, está casado y tiene dos hijos. Nos conocimos haciendo el Camino del Inca, en Perú. El tenía 21 y yo 19. En ese viaje compartimos durante cuatro días la polenta, el arroz, la lluvia que mojaba nuestras carpas todas las noches –tuvimos la mala idea de hacerlo en enero-, el abrigo, las historias, los amigos. Subimos al Huayna Pichu y nos bañamos en Aguas Calientes. Después, cada uno se volvió a su país. De vez en cuando nos mandábamos cartas, fotos de la hazaña. (Aclaro que mientras los turistas suecos y australianos nos pasaban a los saltos con sus porteadores coyas, nosotros caminábamos cada vez más despacio entre el cansancio, el peso de la mochila y la altura).

Si bien hubo lapsos largos de no saber nada uno del otro -especialmente en la transición del correo al email- al final supimos, y cuando alguno de los dos cruzó la cordillera, nos encontramos un rato. Siempre hablamos con una confianza familiar.

Hace poco pasé unos días en Chile y nos volvimos a ver después de algún tiempo. Los dos teníamos que trabajar así que nos fuimos a un café Internet y tomamos un capuchino, mientras él miraba planos de instalación de señales viales y yo escribía.

Pronto llegó la hora del almuerzo y pensé que comeríamos un sándwich por ahí. Pero me invitó a su casa, que queda en Miraflores, en lo alto de un cerro. El terreno es una pendiente. Se entra por una calle y el fondo de la casa sube hasta la calle de más arriba. Está en Viña, pero me hizo acordar a las casas de Valparaíso.
Primero pasamos a buscar a su hijo Tomás por el colegio y después subimos la cuesta hasta la casa, donde la mujer nos había dejado comida preparada. Charlamos, jugamos con Tomás, me mostró su oficina y me trajo por lo menos cuatro álbumes de fotos, donde se veían los partos de los hijos, la familia, una síntesis del tiempo. También me contó los arreglos que quería hacer en la casa y tomamos un café. Desde el jardín vimos los cerros y más allá el Pacífico azul.

Esa tarde no visité lugares turísticos ni fui al mar ni a la casa de Pablo Neruda. Fue una tarde de cuentos:  le conté, me contó. Y nos sacamos fotos para guardar el momento en una memoria extra. Fue una tarde de amigos, aún sin mate.


Europa retro

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¿Alguien habla español?

Cada vez parece más fácil encontrar a alguien que hable español, después del chino mandarín, el segundo idioma más hablado del mundo. Eso prueba esta anécdota de Julio Antonio Mancinelli, un alumno de mi curso de Periodismo Turístico que desde hace un tiempo se dedica a vender publicidad para un programa de turismo en la televisión de Río Cuarto, Córdoba, donde vive. Julio también viaja y disfruta de contar anécdotas. Esta es su historia.

El motivo de mi viaje era encontrarme con mi prima Mary, que vive en Frankfurt am Main. Antes de mi partida me avisó que no podría ir a buscarme al aeropuerto. Por eso, esta tarde estoy solo en este enorme aeropuerto alemán. Según me dijo, me esperaría en la estación de metro de su barrio.
Llegue vía Lufthansa a Frankfurt, donde estoy ahora. Tengo mi pasaporte en la mano y un bolso en la otra. Así me presento a la sonriente funcionaria, saludando en español. Ella me responde que no habla spanish y me pregunta si yo hablo inglés. Más o menos, le hago señas con la mano. Y le pregunto en un correcto italiano si podemos comunicarnos en esa lengua. Me hace señas con la cabeza: no habla italiano. ¿Ingles, francés o alemán? Me dice con una sonrisa bellísima y grandes ojos azules. Me animo al ingles y la verdad es que me sale pésimo. Pero la amabilidad de la funcionaria me tranquiliza y nos entendemos. Me habla pronunciando lentamente las palabras y hasta me cuenta que se llama Alina. Recuerdo ese nombre por dos motivos: porque ella fue mi primer contacto con una alemana y también porque asocié su nombre al ala de un avión.

El aeropuerto es enorme. Está muy bien señalizado, muy bien iluminado y es muy limpio. Ese aeropuerto es una de las mas importantes plataformas de las comunicaciones aéreas internacionales en Europa. Uno se podría pasar un día mirando sus instalaciones. Una vez que tengo mi equipaje, cambio dinero en una casa de cambio. Veo tiendas de ropa, souvenirs, kioscos de libros y diarios, golosinas, y unos barcitos para tomar un café. Ahí me siento y pido un café mientras miro el mapa del aeropuerto, me ubico y me siento en condiciones de lanzarme a la aventura de llegar a la ciudad.

Cuando termino, viajo en un trencito robot que anda solo entre las terminales hasta llegar a la puerta de salida. Ahora tengo tres opciones: taxi (muy caro), bus o tren. Como mi prima me espera en la estación de metro, decido tomarme el tren. Pero no es un tren, sino dos. El primero desde el aeropuerto hasta la estación central en Frankfurt. Desde allí otro que me llevaría a la estación Hauptwache.

Mi prima Mary me había dicho que tuviera en cuenta el horario de los trenes porque son muy puntuales. Entonces me apuro. Bajo por la escalera mecánica y espero el tren. Cuando me subo no lo puedo creer, posiblemente porque vengo de Argentina. Aquí los trenes tienen calefacción y los asientos limpios y sin roturas.

Llego a la estación central, la Bahnhof, y allí a paso rápido porque se me hizo muy tarde. Veo varios andenes, muchos andenes. Por lo que me describió Mary, debía estar cerca del que yo tenía que hacer la combinación con el otro tren. Miro la hora en el reloj enorme que está en columna. Y de repente, me pongo nervioso. No me puse nervioso con las turbulencias del viaje, pero ahora me siento muy nervioso. No me da tiempo para la próxima salida, no sé qué tren debo tomar. Trato de preguntar a otros pasajeros pero mi inglés tartamudea y nadie me entiende. Mi maldito equipaje pesa y no puedo dejarlo solo para ir a la oficina de informes que no sé dónde queda. Y todo el tiempo la frase de Mary retumba en mi cabeza: “Mirá que los trenes son muy puntuales”.

Miro nuevamente la hora y veo la realidad: estoy perdido. Perdido entre gente que no me entiende ni yo la entiendo. Hablo con uno, con otro y nada. Maldito sea, nada. El taxi me costará un montón de euros, pienso. Yo traigo suficientes euros para estar aquí unas semanas hasta que encuentre trabajo, porque a eso voy a Frankfurt am Main. Por eso no me los puedo gastar en un taxi. Entonces, en medio de la desesperación se me ocurre una idea. Y sin meditarlo, comienzo a caminar y mientras camino digo en voz alta, casi gritando: ¿Alguien habla español? Y lo repito: ¿Alguien habla español?

Enseguida se levanta un muchacho. ¡Yo hablo español!, me dice. Era un alemán hijo de inmigrantes españoles. Me acompaña al anden justo a tiempo para tomar el tren hacia la estación donde me esperaba Mary. El alemán de corazón español se llama Hans. Con el tiempo lo volví a encontrar porque volví muchas veces al aeropuerto, ya no para viajar sino para trabajar ahí.


¡Te quiero comer!

¡Te quiero comer! es un libro de cocina. Pero tiene una diferencia con todos los libros de cocina en español que he visto: es un libro moderno, pensado por mujeres jóvenes que estudian, trabajan y, además, aman la cocina. Y digo aman porque ¡Te quiero comer! es también un libro de amor.

El tema es así. Después de vivir un tiempo en Argentina por su trabajo en la Embajada de Finlandia en Buenos Aires, las finlandesas Petra Theman y Eeva Huttunen, escribieron un libro donde cuentan los sabores nórdicos -con influencias latinas- a través de 17 capítulos de amor.

Entonces, las recetas se presentan en su contexto. El primer capítulo, por ejemplo, es una cena simple para antes o después de salir de copas; el quinto, una cena romántica para dos personas; el 9, una comida consuelo para picar solo, y el 11 es la cena en la que la novia recibe a los padres de él. Textos breves y con sentido del humor –la edición estuvo a cargo de Mariana Liceaga-, muy buenas fotos de cada situación -las fotos son de Andrea Knight– y recetas realizables, con ingredientes que se pueden conseguir.

El libro apareció hace apenas un mes, pero una de las autoras, Petra Theman, ya está de vuelta en Finlandia. Petra trabaja en Helsinski en una nueva organización para la venta y promoción de la industria audiovisual en Finlandia, y cuando no viaja, vive en Lohja, la ciudad donde nació, que queda a 60 kilómetros de la capital. Su casa está al lado de un gran lago y la ventana de su escritorio da a un bosque, que seguramente estará cubierto de nieve en Navidad. Desde allí y con ese paisaje frío, Petra respondió esta entrevista.

¿Cómo y cuándo surgió la idea del libro?
Quién sabe. En una conversación en el trabajo nos dimos cuenta de que no existía un libro de cocina nórdica en castellano. Como las dos cocinamos mucho obviamente hablábamos seguido sobre dónde conseguir tal y tal cosa. Era un tema diario en nuestras charlas y como las dos somos impulsivas decidimos hacerlo. En abril de este año surgió la idea sobre el tipo de libro de cocina que debería ser para que fuera interesante. Más allá de presentar una cocina no tan conocida, queríamos reflejar nuestra forma de ser.

Después de leerlo me queda la sensación de que se come más papa en Finlandia que en Perú. El diseño nórdico es mundialmente conocido, pero quizás no tanto la cocina nórdica, ¿cuál es la base? ¿la papa es fundamental?
Es cierto, no es tan conocida. Quizás sea sólamente por la poca cantidad de nórdicos que hay en el mundo. Antes de que llegara la papa a Europa se usaba muchísimo un nabo duro. Luego, la papa lo sustituyó aunque el nabo sigue existiendo. La papa es fundamental especialmente por su característica de aguantar todo el tiempo entre las cosechas, o sea todo el invierno, sin ponerse fea -si está bien guardada. También son fundamentales los pescados, los frutos del bosque y los hongos. Y otra cosa: casi todos los platos tradicionales se preparan en el horno.

Ustedes han viajado bastante América Latina, ¿qué gran diferencia encontrás entre la cocina sudamericana y la cocina nórdica?
¡Es que hay tantas cocinas sudamericanas! Algunas son mucho más picantes que la cocina nórdica , pero otras, como la argentina y la uruguaya, son más suaves. Algunas tienen menos pescado que la cocina nórdica y otras más. Creo que en lo único en que se puede generalizar es que la mayoría de los países de latinoamérica tiene el lujo de las frutas y verduras siempre frescas, y la verdad, especialmente en las frutas, es algo mundialmente envidiado. En la mayoría de los países de Sudamérica utilizan más porotos/alubias y la comida se fríe más.

¿Consideras que los hombres latinos cocinan? ¿Cuánto más o menos que los nórdicos?
¡Sí, cocinan! Conozco a varios que lo hacen excelentemente y lo disfrutan mucho. Pero si hubiera que generalizar, diría que los hombres nórdicos comparten más todas las tareas cotidianas con las mujeres. Por lo tanto, también la cocina.

Si tuvieras que enurmerar tres características típicas de un nórdico y tres de un latino, ¿cuáles serían?
Jaja. Generalizar con los nórdicos es difícil, imagináte con los latinos. Pero ahí va, porque no me gusta dejar preguntas sin respuestas. Un hombre nórdico: 1) sentido del humor seco/irónico, 2) amante de los deportes al aire libre, 3)tímido. Un hombre latino: 1) conservador (esto puede ser positivo a veces), 2) Creativo al mismo tiempo, 3) No para de hablar, nunca.

¿El libro pretende ser un puente entre las dos cocinas? ¿O debería decir entre las dos culturas?
No tanto entre las dos cocinas como entre las dos culturas. Un detalle: tuvimos mucho cuidado en no incorporar recetas con ingredientes imposibles de encontrar en América del Sur.

En los 17 capítulos no hay ninguna “cena de reconciliación” o algo por el estilo. En Finlandia, ¿se pelean menos que los latinos?
¡Muy buena pregunta! Es que nos pareció que ya había muchas cenas en el libro, pero podría haberse incluido. Y sí, probablemente la respuesta es esa: peleamos menos, jaja.

¿Cuál es el o los ingredientes que más extrañas?
Es un cliché, pero es cierto: el chinchulín a la parrilla. Aunque me acostumbré a eso también. Y nunca aprendí a usar bien el dulce de membrillo. Me pareció demasiado dulce. Otra lista no muy sorprendente: ¡mate! ¡lomo de carne vacuna! ¡vino tinto! ¡palmitos! También, jamón crudo de excelente calidad o cordero de la Patagonia o las naranjas del jardín de Leo.

En la introducción del libro contás sobre esa bipolaridad que se vive en los países nórdicos, haciendo referencia al verano lleno de luz y al invierno tan oscuro. ¿Qué cambia en los países de América del Sur, con un invierno más suave?
Si hablamos del Cono Sur, la diferencia bipolar existe pero mucho más suave. Luego, hay países con sol, luz y calor todo el año (lo que me parece insoportable y también un poco aburrido). Lo que me gusta son los países en los que la oferta de frutas y verduras sigue todo el año. Cuando es época de naranjas se comen naranjas y cuando no es época de frutillas no las conseguis ni loca. Es más natural -y además, ecológico- no importar esto de otros lugares del mundo. Y luego siento el frío mucho más en un invierno latino que en un invierno finlandés, por el simple hecho de que en Finlandia estamos preparados para el invierno (casas, ropa, autos, negocios, oficinas, todo). Jamás en mi vida tuve tanto frío como en Buenos Aires en Julio.

¿Podrías explicar la tendencia de diseño finlandés llamada fennonfolk y dar algunos ejemplos?
Es una tendencia que comprende a jóvenes entre 20 y 40 años, y está basada en una suerte de respuesta al tradicional minimalismo del diseño escandinavo. Combina tendencias eslavas con ese minimalismo, y a veces lo hace de una forma graciosa, con humor. En Helsinski se hizo este año una exhibición muy grande llamada Fennonfolk “The New Nordic Oddity”. La mejor exponente es la diseñadora Paola Suhonen, a quien pertenece el textil que se utilizó para el diseño de la portada del libro. Y también la vajilla y decoración de muchas de las fotos que aparecen en el libro.

¿Dónde se puede conseguir el libro?
Estamos buscando un distribuidor en la mayoría de los países de América del Sur. Pronto será accesible por una librería en Internet. Por ahora se puede encargar en www.fennonfolkfood.com En Argentina, se consigue en La Boutique del Libro de Palermo, Martínez y Unicenter.




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