El mate, con virgen propia

 

No hay un hecho milagroso relacionado a esta Señora Gaucha. No se le apareció a ningún campesino ni curó a un niño enfermo. La imagen la encargó un monje a la pintora María Inés Rosñiski, para que hubiera una virgen cercana a la gente y “bien argentina”. Igual, muchos litoraleños le rezan, le piden, le agradecen.


De la planta al supermercado, un viaje largo

Para hacer un kilo de yerba mate se necesitan tres kilos de hoja verde y un largo proceso de producción. 

Desde que nace la planta en el vivero de una yerbatera hasta que se cosecha pasan tres o cuatro años. Los pasos de la cadena productiva son los siguientes: tarefa o cosecha (manual o mecánica), zapecado (secado a fuego directo y luego con aire caliente) y canchado (trituración de las hojas). Después: molido fino, mezcla, fraccionamiento final, envasado… y al supermercado.

En la tarefa se poda la planta, quitando las hojas maduras y tirándolas sobre un lienzo hasta que se juntan entre 70 y 100 kilos. Cuando está listo, se ata por las puntas formando un raído. En unas pocas empresas ese tremendo paquetón se levanta con un guinche y se pone en un camión. Pero los pequeños colonos lo hacen a hombro, entre cuatro que tengan fuerza.

Próximo paso: las hojas van a la peluquería. Primero, un shock de fuego directo (30 segundos) para que pierdan el agua y luego doce horas de aire caliente (80 a 100 grados). El paso que sigue es la trituración o canchado, nombre que viene de antes, cuando se volcaba la hoja seca en un espacio grande o cancha y se la partía a golpes.

Como el vino de guarda, la yerba se estaciona unos nueve meses. En el molino, cada yerbatera crea su propia receta con más o menos palo. Intervienen catadores, que llegan a probar 200 mates por día. Por la Ruta de la Yerba, el mate se sirve en un porongo o calabaza larga y de boca ancha. Caliente o tereré, versión helada, con los hielos sobre la yerba y cebada con agua o limonada bien fría. Por esta ruta el mate circula. Como la imagen de Nuestra Señora Gaucha del Mate, una virgen paisanita, con trenzas y una pava en la mano. La pintó María Inés Rosñiski, una artista ucraniana de Apóstoles a pedido de un monje salesiano.


El lenguaje del mate

inodoropereyraAsí como Europa generó el lenguaje de las flores, el Cono Sur inventó el lenguaje del mate.

Mate amargo: indiferencia o quitate todas las ilusiones, llegas tarde.
Mate dulce: amistad.
Muy dulce: qué esperás para hablar a mis padres?
Mate con toronjil: disgustos.
Con canela: ocupas mis pensamientos.
Mate con azúcar quemada: simpatía.
Con naranja: ven a buscarme.
Con melaza: tu tristeza me aflige.
Con leche: estimación.
Con café: ofensa perdonada.
Muy caliente: yo también estoy ardiendo de amor por ti.
Frío: me eres indiferente.
Tapado: calabazas.
Lavado: a tomar mate a otro lado.
Espumoso, exquisito y fragante: te quiero con todas las de la ley.

Del “Pequeño vocabulario y Refranero Criollo”, de Tito Saubidet.


La Ruta de la Yerba Mate

En política o economía, seguro que no. Pero en yerba mate, la Argentina es campeón mundial: tiene el pergamino de principal productor, consumidor y exportador de yerba mate del mundo. Es un motivo contundente para que exista un camino del mate. Sin embargo, es algo reciente y en construcción.

Todavía no existe una ruta perfectamente diseñada, con carteles y mates gigantes al costado del camino. Pero esa desprolijidad es lo mejor, y mucho no va a durar. Así que éste es un buen año para recorrer los caminos rojos del Litoral.

Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires se ha impulsado un proyecto para crear una ruta con nombre, mapas explicativos, hoteles y restaurantes. Hasta se declaró al mate Producto Autóctono del Mercosur (se consume en los cuatro países) y hay perspectivas de que el corredor turístico alguna vez sea más amplio, y que llegue hasta el sur de Brasil.

Un viaje por esta zona húmeda está lleno de manos, muchas más que en una ronda de mate. Guaraníes, conquistadoras, jesuitas, polacas, ucranias, criollas. Y en todas las épocas, manos lastimadas de tareferos, los cosechadores de la yerba.
A los lados del camino se ven los arbustos de yerba en cultivos de alta densidad (2000 a 6000 plantas por hectárea), muy diferente a los orígenes, cuando los guaraníes descubrieron el árbol, que crecía salvaje en la selva paranaense y llegaba a medir 20 metros. Para cosecharlo había que meterse en el monte en expediciones que duraban hasta 6 meses y de las cuales no todos volvían.

La ruta del mate es caliente, tan caliente como uno se imagina el infierno. Pero también es verde, como la selva espesa y como la planta del mate. Por estas zonas de Corrientes y Misiones hay extensas plantaciones de yerba mate y antiguas estancias atendidas por sus dueños que conectan los principales destinos. Allí, uno puede alojarse y también comer deliciosos platos caseros.

dscn0954Quizás en algún momento habrá hoteles, restaurantes gourmet y menos espacio para el azar. Pero para eso falta. Hoy, todavía se pueden ver los carros polacos al costado de la ruta, charlar con un inmigrante ucraniano y asomarse por una cooperativa como Liebig para conocer el camino que sigue la hoja, desde la recolección, secado y canchado hasta el paquete que se vende en todos los supermercados de Argentina y Uruguay.

IMPERDIBLES DE LA RUTA:

GOBERNADOR VIRASORO
La yerba es un pilar de la economía de Misiones, la provincia de las Cataratatas, en el litoral del país. El otro es la explotación forestal. Por eso se ven lomas y cuchillas con los tronquitos flacos y alineados de pinos Elliotti y eucaliptos. Muchas empresas que plantan yerba también tienen una división forestal. Como Establecimiento Las Marías, en Virasoro, algo así como la Microsoft de las yerbateras y una de las más tradicionales, con 85 años. Yerbales, teales y pinos, más de cinco mil hectáreas cultivadas y una planta modelo para el procesamiento de la hoja verde. El que llegue hasta aquí puede dejar su auto y recorrer en una van los pasos que sigue la hoja verde, desde el vivero y la plantación hasta el paquete de yerba Taragüí (Corrientes, en guaraní), entre otras marcas, que uno elige en la góndola del supermercado.

COLONIA LIEBIG
Colonia Liebig es un pueblito con nombre alemán y pasado inglés. Desde fines de 1800 y hasta 1970, la Compañía Argentina Liebig exportaba corned beef y extracto de carne a Inglaterra, y en Colonia Liebig se abastecía del ganado que viajaba en tren hasta Pueblo Liebig, en Entre Ríos, donde estaba el frigorífico y se faenaban más de mil cabezas por día. De aquellos años, cuando la zona era parte de la estancia La Merced, de más de 10.000 hectáreas, queda poco y nada. Hoy, el pueblo vive por la Cooperativa Liebig, una yerbatera en crecimiento y secadero artesanal, con más de cien pequeños productores asociados que se puede visitar siempre y cuando uno no llegue entre las 13 y las 16, sagrado horario de la siesta.

dscn1025APOSTOLES
Ni bien llegaron, los españoles desconfiaron del mate y lo prohibieron por vicio, pero luego les gustó tanto que se consumió desde Buenos Aires hasta Quito, pasando por Lima.
El primer contingente de polacos llegó a Apóstoles en 1897. Eran 17 familias y venían tapados hasta el cuello. Pero llegaron a Misiones, donde la ropa es lo de menos. Venían sin nada, además del abrigo. Acá les dieron algunas hectáreas para cultivar y pagar en plazos cómodos. Ellos hicieron el resto: trabajar la tierra y luchar con la hormiga minera, que se comía todo.
Uno de esos polacos don Juan Szychowski, que con el tiempo se convirtió en un genio de la ingeniería local. El Museo Juan Szychowski (entrada gratuita) está, dentro del establecimiento yerbatero Amanda que también se visita para conocer el proceso de la yerba. También en Apóstoles se puede pasar por el Museo Ucraniano (Suipacha 57, T. 54 3758 422501; horario: lunes a sábados, de 8 a 12 y de 16 a 19, entrada gratuita) para entender mejor la historia y ver sus testimonios.

POSADAS
Lo mejor para hacer en la capital de Misiones es esperar a que baje el sol y disfrutar de las brisas de la tarde-noche en la remozada avenida Costanera. El lugar es perfecto para un paseo nocturno, inluída la cena en algún sitio recomendado con vista al Paraná. La especialidad de la capital: el pollo al galeto. Un museo: Aníbal Canbas (Alberdi 600, horario: martes a sábados, de 8 a 12 y de 15 a 20 y domingos y feriados, de 17 a 20).
Si le gustan las artesanías, puede pasar por el mercado municipal, también conocido como paraguayo, donde encontrará artículos de cuero, sombreros y cestería.

SAN IGNACIO
Cuenta Pau Navajas, del Establecimiento Las Marías, en su libro Caá Porã´í, El espíritu de la Yerba Mate, que los hombres de la Compañía de Jesús situaron sus misiones “deliberadamente lejos de los colonizadores criollos; se adentraron en la espesura selvática y así pronto comprendieron el espíritu de la yerba […] que se transformó en una fuente de ingresos que permitió construir talleres, iglesias, pagar impuestos y organizar la vida de las reducciones”Los jesuitas les enseñaron a los guaraníes a plantar yerba y secarla o más bien ahumarla en el barbacuá, un horno casero. San Ignacio Miní (su par más grande o Guazú está en Paraguay) fue fundada en 1610, destruida en 1817 y restaurada en 1940. Está a 60 km de Posadas, y en el camino hay más ruinas: las de Santa Ana y Loreto (todas con la misma entrada, de US$ 2). Mejor ir bien temprano o por la tarde, todo es más fresco. En San Ignacio también se puede visitar la Casa de Horacio Quiroga, un truculento y genial escritor que nació en Uruguay pero vivió en Misiones, muy influenciado por este paisaje selvático y agobiante.


El mate, patrimonio del Cono Sur

imagen21Aunque lo tomen en Siria y en cualquier parte del mundo a la que haya emigrado al menos un argentino o un uruguayo, el mate es patrimonio del Cono Sur.

Los habitantes de Argentina, el sur de Chile, Uruguay y el sur de Brasil lo consumen con un fanatismo insólito, que no han logrado ni el té ni el café.

En Argentina existe una Reina Nacional del Mate y una ruta turística del mate. Hay concursos de cebadores y tomadores de mate, y poetas del mate, además de helado de mate y algunas recetas que incluyen yerba.

Los uruguayos por su lado pretenden preparar el mate más grande del mundo. Mientras tanto, los científicos le siguen descubriendo propiedades benéficas a la yerba.

Este mes se publicó en la revista National Geographic un breve texto que escribí sobre esta infusión. Cuenta algo sobre  la pasión que compartimos los habitantes del sur de América y enumera los pasos para cebar un buen mate. Pero el gusto por el mate es más extenso que una página en una revista. Por eso, en los próximos días, Viajes Libres hará un pequeño homenaje a este icono del Cono Sur.


Cómo viajan los Cronopios y los Famas

“Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.

Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de “Alegría de los famas”.

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: “La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad”. Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.”

Historias de Cronopios y Famas, Julio Cortázar, 1962.


La playa perfecta

Las playas que alguna vez formaron parte del ránking de una revista internacional de viajes como Condé Nast o Travel + Leisure, se sujetan a esa nominación con la fuerza que haría un africano ilegal si desde la costa española le tiraran un salvavidas.

No importa cuándo las nombraron “una de las diez mejores playas del continente” o “una de las cinco más románticas del mundo”, el año se olvida, pero el título aparece en todas partes. Quizás por eso, mientras tomaba sol en Cayo Guillermo, se acercó Yoandri, un cubano que trabajaba en turismo y me dijo, “Señorita, usted no piensa ir a Playa Pilar, dónde se ha visto eso, ¡es una de las mejores playas del mundo!”

Primero me sentí mal por no haber ido; segundo, pensé que me estaba perdiendo algo; tercero, tomé un taxi a Playa Pilar.

Playa Pilar queda en la punta de Cayo Guillermo, uno de los más famosos de la región junto a Cayo Coco. Ambos, ubicados al norte de la isla de Cuba, forman parte de un grupo de cayos e islotes bautizados hace casi 500 años como Jardines del Rey. Los cayos son pequeñas islas que suelen tener abundante vegetación y pocos habitantes, famosos por sus playas idílicas y la práctica del buceo.

Al llegar no soplaba una gota de brisa y el ambiente se veía brumoso por el calor. El agua se confundía con el horionte y sentía que si levantaba la vista sin anteojos me quedaría ciega en el instante. Estaba en la playa perfecta, pero para que el agua me llegara al cuello tenía que caminar cien metros de mar caliente. Estaba en la playa perfecta, pero no había olas.

En Playa Pilar, Ernest Hemingway pasaba semanas enteras persiguiendo un pez espada de los grandes, pero el día que fui no vi pescadores. Sólo un puñado de turistas con el ceño fruncido, vaciándose en el cuerpo un frasco de protector bajo una sombra improvisada.

Me saqué la foto para el álbum en Playa Pilar y los que la vieron me preguntan dónde es y sueñan aunque sea unos segundos con estar ahí. Pero yo creo que no volvería. Al menos creo que no es la playa perfecta. Según mi opinión, una playa sin olas no puede ser perfecta. Tampoco una playa donde el agua parece un caldo recién servido. Un lugar sin árboles, donde se me quemaron los pies con la arena caliente no podía liderar el ranking. Evidentemente, la playa perfecta es un concepto subjetivo. Y los ránkings de las revistas son muy relativos.


Excursión de snorkel en Cuba

El mundo submarino de los cayos del norte de Cuba está salpicado de cerebros, el más famoso de los corales duros, y de corales blandos en forma de plantas y cactus. Bajo el fondo del mar hay más de 900 especies diferentes de peces. También se ven algas, esponjas, sedimentos, moluscos. Y cada tanto pasa como rayo un pez con trompa de cuchillo: el increíble pez espada, que cuando lo enfocamos, ya disparó.

También hay langostas, pero ninguno de los que estamos mirando el paisaje submarino las vemos. Las langostas vienen luego, grilladas y con mantequilla, en la palapa donde funciona el restaurante. Aunque está prohibido pescarlas, siempre hay langostas en Cuba.


Llegar de casualidad

Cada tanto me escribe gente diciendo que llegó de casualidad a Viajes Libres.  Creo que una de las maravillas de Internet es justamente llegar de casualidad a un sitio. Buscar información sobre una playa en Tailandia y terminar del otro lado del mundo, leyendo impresiones sobre cómo es viajar sola en el norte de Argentina. Como si Internet nos recordara la cantidad de intereses que nos atraviesan y motivan.

Me gusta llegar de casualidad a un lugar. Tiene que ver con el turismo espontáneo. Llegar sin que nadie me lo haya recomendado, sin haber leído, descubrirlo. Con la vida apurada y la planificación creciente de los viajes, es menos frecuente y quizás por eso más emocionante.

Pensaba escribir sobre San Valentín, los viajes de a dos y las fechas comerciales. Pero no lo haré. Prefiero recordar esa vez que llegué de casualidad a un domingo de bodas, en el Ghion Hotel, de Adis Abeba.

El Ghion fue un antiguo palacio y hoy es un hotel venido a menos, con un gran parque verde brillante, con fuentes, restaurante y palmeras. Es el hotel donde suelen parar los corresponsales extranjeros de medios que no los mandarán al lujoso Sheraton Adis. Los domingos por la tarde, el Ghion se llena de novias. Y de comitivas de novias. Puede haber siete o diez por domingo. Van con toda su familia y amigos a sacarse fotos, a filmar el momento. Las novias, de blanco, y las madrinas, cuantas sean, seis o siete o más, se visten todas exactamente igual. Como las hermanas de la foto.

“El domingo en el Ghion no es el día de la boda”, me contó el padre de una novia que vive en Canadá pero vino a casarse según la costumbre etíope. El domingo es el día de gala, de las fotos, del video, del auto con moño rosa. Es un día campestre en el parque Ghion. La fiesta vendrá luego y será más sencilla, familiar, en casa.

Me hospedé en el Ghion de casualidad, porque no encontré habitación en otro hotel y de casualidad encontré ese sitio en la Web. Llegué al parque de casualidad porque un museo estaba cerrado y hacía calor y ese parque tenía buena sombra. Llegar de casualidad es un lujo íntimo de los viajes.


“Tour”, según el diccionario de Bioy

                                                                                                           originalTour. N.f. “Me mandé un tour por las Europas y ahora me sobra el tiempo de lo lindo para aburrir a la criollada” (Javier Miranda, Por las huellas de Enrique el Navegante.)

Diccionario del argentino exquisito, de Adolfo Bioy Casares.




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