La piel del mar

- ¿Y cómo es que te gustan tanto las medusas?

-Pues, no lo sé. Las encuentro bonitas. Antes, mientras las miraba, he pensado una cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo, no sabemos nada.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haurki Murakami.


Rollo de intimidad femenina

Hoy se inaugura en Buenos Aires la IX edición de la Feria del Libro de Fotos de Autor, en Espacio Ecléctico. De los 400 trabajos presentados, se seleccionó poco más de la mitad.

Verano es uno de ellos, dentro de la categoría Biografía. Pertenece a Andrea Marra, guionista de unitarios para televisión y, desde ahora, también autora de un ejemplar único, artesanal y de inspiración japonesa.

El fin de un affair amoroso y el incentivo de su profesora de fotografía, Marcela Valero Narvaez, fueron el motor de este libro poco convencional: un rollo que indaga en lo íntimo, en lo femenino, a través de fotos y textos eróticos.

El rollo es un fluido de poco más de un metro y medio de largo. “Tiene algo de flipbook, de las estampas japonesas, perfectamente podría ser la secuencia de una película”, me cuenta Andrea que, a propósito, parece medio japonesa.

Impreso en papel traslúcido y bien guardado dentro de una cajita oriental. Como un tesoro, que retiene movimiento, fragilidad, imágenes borrosas, recuerdos de un momento explosivo.

En la feria, algunos libros se venden, éste no. Es único. Pero hasta el 22 de este mes se lo puede conocer, descubrir. Sentarse en un sillón y desenrrollarlo. “Las mujeres van a entender de qué estoy hablando”, dice Andrea.


Boniato glaseado

Abajo del fuego hay un boniato, como le dicen en Uruguay a la batata. Al plomo, cocida sobre la parrilla, cortada a la mitad. Una vez lista, le echan unas cucharadas de azúcar y después la sellan con el quemador al rojo vivo, como se ve en la foto. Deliciosa costumbre que me propongo imitar en alguna parrilla campestre.


Drexler, relator por una noche

Mientras en el Mercado del Puerto de Montevideo se escuchaban cada vez más fuerte los gritos de aliento a la Celeste, en Vigo el músico uruguayo Jorge Drexler estaba nervioso. Ya era la hora de comenzar su show y el partido por el tercer puesto entre Uruguay y Alemania, no terminaba. Entonces, el músico tomó una decisión: subir al escenario con su laptop y relatar el final del partido… cantando y sufriendo.


Arte y símbolos

[...] “El artista es un creador de símbolos porque la forma simbólica es, no solamente algo dentro de la estructura racional, sino aun del alma y de la materia, y surge formada como de una pieza; y de ahí el que tenga, en cierto modo, como un valor mágico, y obre sobre nuestra sensibilidad espiritual, directamente, sin necesidad de interpretación ni lectura; y por todas estas razones, en cuanto a forma, tiene un valor en sí. [...]

[...] Nuestro símbolo es aquel que viene de la intuición y es sólo interpretado por ella. Algo, pues, ininteligible al pensamiento, y así es que vemos el gran arte. Por esto, un artista, jamás tendrá que poder dar razón del porqué de tal forma.”

Universalismo constructivo, Joaquín Torres García, 1934.


Los 20 años de Lugares

Los Premios Lugares son una distinción que la revista emblemática de viajes de Argentina da a estancias, hosterías, guías, prestadores de servicios, emprendedores turísticos, y también a personajes que el staff considera relevantes.

Son premios independientes, en esta época vale la aclaración.

Anoche se entregaron y también se festejó el aniversario de la revista: nada menos que 20 años.

Hubo premiados, risas y también un llanto de emoción. En la próxima edición estarán los ganadores, con producción de fotos incluida. Rescato tres premios, sólo porque conozco a los involucrados. Bueno, al último no lo conocía pero tuve el gusto ayer.

El premio a la Hostería se lo llevó Don Enrique, un lodge boutique en plena selva misionera. Este anuncio es real, las cabañas quedan entre helechos, bromelias y cerca de los saltos del Moconá.

El premio Gourment fue para Javier Araujo Montes, un chef español de extenso recorrido internacional que se enamoró de una pampeana y se fue a vivir a la provincia de los caldenes. Hoy cocina en el restaurante del hotel rural La Pampeana, que la pareja tiene en el norte de la provincia, sobre la Ruta Nacional 188. Seguro que hace platos fantásticos, yo puedo dar fe de uno: el jabalí. Lo probé hace unos cinco años, en un agasajo en la Reserva Natural Parque Luro, donde cocinó “el gallego”, como muchos le decían. En ese momento, hacía poco que había llegado al país. Seguramente, no se imaginaba que le esperaba esta distinción, que recibió emocionado.

El último premio es fue para alguien que no conocía, hasta anoche. El hombre se llama Marcelo García Morillo y ganó el premio al Personaje. Es un luthier de instrumentos medievales y vive en El Bolsón, donde creó, en 1994, el grupo Languedoc, que estudia la música medieval. Anoche llegó con una sanfona, que suena parecido a una gaita pero es un instrumento de cuerdas. Cerca del final, los pocos invitados que quedábamos, lo rodeamos y el músico nos hizo viajar unos minutos entre castillos y monasterios del siglo XIII. También repetimos un estribillo que decía algo tan natural como: De cómo los árboles se menean. Y fue fácil imaginarse esa música en los bosques patagónicos, entre álamos amarillos.

El número aniversario de Lugares ya está en la calle. Además de conocer al staff de la revista y saber sus 20 lugares destacados de Argentina y el mundo, se puede leer sobre Sudáfrica, Minas Gerais y una nota que escribí sobre la esquila de la vicuña, en la puna catamarqueña.


Cartas de amor zulú

Porque Africa está en primer plano, porque Argentina sigue en carrera mundialista y seguramente porque me quedan muchas cartas de amor por escribir y ojalá por recibir, me acordé de las Zulu Love Letters.

Y revolví el armario hasta que encontré la que traje de Sudáfrica hace algunos años. En zulú se llaman ncwadi y son trabajos en mostacillas. Ahora, forman parte del kit de souvenirs, junto con la talla negra y el Amarula, pero en algún momento se usaron como ofrendas de afecto y amor.

Las bordaban las mujeres. Servían para acercarse a la persona amada, para transmitirle los sentimientos.

Parecen escudos de pertenencia. Escudos de amor con el lenguaje de las mostacillas, las formas geométricas y los colores. El blanco, como siempre, habla de la pureza y el amor verdadero. El rojo, de la pasión, del amor intenso que hace sangrar el corazón.

El azul simboliza la soledad que se siente por estar lejos del ser querido; el amarillo, los celos; el negro, el dolor y la rabia. Si a uno le toca una carta de color azul con una franja blanca, ojo, es una señal de atención. En ese caso, la carta trae un mensaje: “Mejor elegí, parecés una langosta, saltando de arbusto en arbusto”.

En zulú, en ruso o en español. Con mostacillas o tinta china. El soporte puede cambiar, y hasta el continente. Pero las vueltas del amor son más o menos las mismas.


El mundo de Gómez


Espalda geográfica

Estaba frente al Malba y tenía un rato libre. Me acordé de la muestra de Mapplethorpe y entré. Habrán sido 40 minutos, una hora, más no me quedé.

Pero cuando salí ya no tenía la mirada gris de un día más en la ciudad.

Salí encantada por la voluptuosidad que registra y muestra Robert Mapplethorpe. En una cala y en un culo.

De todos los estudios sobre las figuras humanas de sus amigos y amantes, me gustaron especialmente  los de Derrick Cross, el bailarín que ahora nos da la espalda.

Un atlas de la espalda. Una espalda geográfica. Con cordillera, cerros, picos de altura, morenas glaciarias y pliegues que terminan en lagunas vacías. Una espalda para revalorar el paisaje corporal. Para soñar con viajes por omóplatos, codos, esternones, bíceps y otros musculos.

Gracias Derrick Cross por darnos la espalda.


Las cartas de Cortázar a los Jonquières

Me gustó el adelanto de las Cartas a los Jonquières (Alfaguara) que leí ayer en ADN Cultura.

Más Cortázar inédito. Después de Papeles Inesperados, estas cartas que Julio escribió a su amigo Eduardo Jonquières y su familia, entre 1951 y 1983.

Mientras espero que llegue el libro, rescato la mirada de París que el autor de Rayuela muestra en esta misiva, una de las 127 que se podrán leer dentro de unos días:

París, 24 de febrero de 1952

Mi querido Eduardo:

[...] Es la noche del domingo, y descanso un poco, solo en mi cuarto, después de una semana llena de cosas, idas y venidas, curiosas experiencias, “peladas de frente” y grandes maravillas. Hay un gran silencio en la Cité porque es medianoche, los últimos grupos de estudiantes se han disuelto, y callan los aparatos de radio -uno o dos- de mi piso. Tengo conmigo a un gatito, que me toca alimentar y guardar esta noche, pues es el hijo colectivo de los habitantes del tercer piso. (Hace una semana lo salvé de morirse helado en la nieve, y como recompensa el tipo me chupó de tal modo un pulóver que había a los pies de la cama, que me lo dejó arruinado para siempre.) Pienso que hace dos años justos yo estaba en Venecia, disponiéndome a venir al misterioso París. Ya llevo aquí cuatro meses, y anoche, al hacer un balance mental de este tiempo, me daba cuenta de la asombrosa familiaridad con que me muevo en este mundo. Ahí está, ahora, el peligro. Es ahora que debo vigilar mi visión, mi manera de situarme frente a cosas que cada vez conozco mejor; es ahora que debo impedir que los conceptos me escamoteen las vivencias. Me aterraría (¡no me ha sucedido, por suerte!) pasar un día apurado frente a Notre-Dame y echarle apenas la ojeada sin intencionalidad que se dedica a los bancos o a las casas de renta. Quiero que la maravilla de la primera vez sea siempre la recompensa de mi mirada. Puedo darme el lujo de pasar cerca del Museo de Cluny y decirme: “Entraré otro día”. Pero entrar ahí tiene que seguir siendo una cosa grave, última, la verdadera razón de mi presencia en París. Nos reímos de los turistas, pero te aseguro que yo quiero ser hasta el final un turista en París, el hombre que anota en su agenda: Jueves, ir a ver el San Sebastián de Mantegna… Es tan horrible advertir a cada minuto cómo las facultades intelectuales empiétent [desbordan] sobre las intuiciones puras, tratando de esquematizarte el mundo… Lo atroz de B.A. es que es materia mucho más intelectual que estética, y apresura ese horrendo proceso de cristalización de un hombre. Por eso los argentinos son gente de tanto “carácter” (!), de tanta “personalidad” -repertorios de ideas definitivamente fijas, cuajadas, sin movimiento posible. Todo el mundo tiene allí su opinión sobre las cosas, pero coincidirás conmigo en que basta opinar sobre una cosa para, en el mismo acto, dejar de verla. La idea de Wilde en su “Retrato de Mr. W. H.” es realmente profunda: si en el acto de probar que una cosa es A o B, ocurre que de golpe se siente una angustia terrible y la sensación del descreimiento total en lo afirmado, ello se debe a que todo hombre inteligente y sensible sabe que una prueba es siempre otra cosa, que no toca para nada la realidad esencial de eso de que se habla. Yo quisiera que París se me diera siempre como la ciudad del primer día. Llevo aquí 4 meses: pero llegué anoche, llegaré otra vez esta noche. Mañana es mi primer día de París. [...]

Un muy gran abrazo, y que ésta te encuentre bien.

Julio




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