¡No te olvides el cepillo de dientes!

Los viajeros olvidadizos ya tienen una solución gratis y utilísima. Basta con registrarse en esta página para acceder a extensos y completos listados que tienen la función de recordarnos todo lo que podríamos olvidar. A medida que lo hace, le pone un tilde.

¿Puso el cepillo de dientes? ¿Cerró la llave del gas? ¿Guardó el traje de baño? ¿Sabe si necesita adaptadores especiales para el país adonde viaja? ¿Le pidió a algún vecino que le riegue las plantas?

Ok, algo obvias las recomendaciones. Pero no son las únicas. Los listados comienzan con una primera planificación (¿se necesitan vacunas? ¿tiene el pasaporte en regla? ¿no se le vence durante el viaje?), luego viene lo que uno debería hacer una semana antes del viaje, como hacer el itinerario, chequear que los candados de las valijas tengan llave, conseguir alguna receta médica en caso de necesitarla. Cada tanto, vienen algunas ideas muy locales, algo ridículas para otros países, por ejemplo, no deje de suspender el delivery de leche antes de viajar.

Si a uno no le convence la lista de prioridades establecidas, fácilmente se arma una lista personalizada con los items que considere oportunos. Y hasta hay una opción para recibir alertas en el correo, del tipo: ¡No te olvides el cepillo de dientes!

El sitio se llama justamente dontforgetyourtoothbrush.com y ya tiene 14.000 visitantes por día, todos turistas con un pie en las vacaciones. Una solución cómoda para el típico stress previo al viaje.


La Caricia Perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará… rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni


¡El Tercer Hombre sigue en Viena!

El año que viene se cumplirán 60 años de El Tercer Hombre, una de las películas más populares de la historia del cine, uno de esos clásicos de todos los tiempos.

La rodó Carol Reed en Londres, en 1949, y sobre la base a una novela de Grahaam Greene. En su momento, el film ganó el Gran Premio del Festival de Cannes y el Oscar a la mejor fotografía en blanco y negro.

Fue tan exitosa que tuvo una continuación en radio con el propio Orson Wells, uno de los protagonistas que apenas aparece, y luego en episodios de televisión. Nunca se dejó de hablar de El Tercer Hombre. Hasta el día de hoy se puede ver tres veces por semana -en versión original- en el Burg Kino, un cine de Viena (entrada: 6 euros).

La película cuenta una historia de suspenso en la Viena de postguerra, una ciudad destruida, corrupta y llena de sombras, de casas, de faroles y de un misterioso tercer hombre.

Quizás los fanáticos sepan que los exteriores -las persecusiones, las aparaciones de Orson Wells entre las sombras- se filmaron en Viena, donde hace tres años un ceramista -y fanático, claro- un tal Gerhard Strassgschwandtner abrió un museo dedicado al film. El tipo empezó a coleccionar objetos relacionados con la película hace diez años, desde posters de la película hasta los uniformes que usados por los militares durante la ocupación.

El museo está en Pressgasse 25, 1040, cerca del mercado Naschmarkt, se filmó parte de la película. Parece que por ahí cerca está el acceso a una de las cloacas por donde uno cree que corría Wells. Pero el austríaco explica que no, que Wells no quiso meterse ahí y que la parte de las cloacas la filmó un doble. Pero él en sus tours guiados (7 euros) sí lleva a los turistas por el universo subterráneo de canales y cloacas.

Como se sabe, Harry Lime no aparece mucho pero enuncia el diálogo más elocuente de la película: “En Italia, durante treinta años bajo el imperio de los Borgia, se sucedieron guerras, terror, asesinato y sangre, y todo ello hizo posible un Miguel Angel y un Leonardo Da Vinci, un Renacimiento. En Suiza, lo que siempre ha existido es el amor fraterno, cuatroscientos años de paz y democracia, ¿y qué cosa ha producido todo esto? El reloj cucú.”

Quizás los fanáticos de El Tercer Hombre vayan alguna vez a Viena y sigan el circuito de El Tercer Hombre por las calles de la antigua ciudad. En una de esas escuchen de lejos la increíble cítara de Anton Karas. Quizás hasta vean a Harry Lime. O a su sombra. O …


De viajeros, corazones rotos y cine indio

En sus travesías por el mundo, los viajeros dejan mucho dinero, millones de euros según la Organización Mundial del Turismo. Pero también dejan corazones rotos. Eso nadie lo contabiliza, salvo alguna poesía, un cuento, una película.

Como Raja Hindustani, ese film indio que vi en Varanasi hace varios años. En hindi al forastero se le dice pardesi y la película, que fue un éxito total en su momento, cuenta la historia de un romance entre una india rica y hermosa que se vuelve de estudiar en el exterior (ella sería la forastera) y un taxista buenmozo y con jopo rebelde.

Como buen producto de Bollywood dura unas tres horas y tiene flashes de telenovela y de musical, con coreografías que los espectadores saben de memoria. En muchos cines de la India, no es necesario hacer silencio para ver la película. Todo lo contrario. Ese día en Varanasi, habría unas mil personas en el cine, comiendo y tomando gaseosas. Algunos se subían al escenario y repetían los bailes que los actores hacían en la pantalla. Y todos cantaban el hit de la película: Pardesi Pardesi, no te vayas.


Raja Hindustani - Pardesi Pardesi (subs en español)


Mistral, el viento malhumorado

En Francia, siempre que pueden le mandan un saludito a Africa. Eso cuando no le devuelven un grupo de inmigrantes.

Por eso, no me resultó extraño que cuando me contaron sobre el mistral, lo primero que me dijeron es que viene de Africa y que trae arena, violencia y malhumor.

El mistral es un viento que sopla en La Provence en la primavera y el invierno, en total unos cien días por año. En general es un viento fresco o frío, y seco. Pero ojo, puede venir con nubes negras y llenas de tormenta.

El tramontana, como lo llaman en algunas zonas de La Provence, puede llegar a soplar a 90 kilómetros por hora y arrasa con lo que tenga adelante. Como ese día en St. Tropez, que casi se lleva el muelle de la foto. Era el Mediterráneo pero parecía el Atlántico enloquecido.

Así es el mistral: se forma de un momento a otro y sopla su música impetuosa. Por eso los que navegan embarcaciones pequeñas no lo quieren: en sólo ocho minutos los puede poner en peligro. Y lo peor: es un viento difícil de predecir. Cuando lo anuncian en el servicio meteorológico, en general ya sopló.

Se llama mistral, como la poeta chilena que ganó el Nobel. Pero el nombre del viento no es por ella, sino por el poeta francés -y provenzal- Frédéric Mistral, que curiosamente también ganó el Nóbel.

En Francia muchos me hablaron casi con horror de este viento loco que viene de Africa. Pero leo en Wikipedia y dicen que el mistral trae puras cosas buenas, que cuando pasa los cielos están despejados y claros, que es bueno para la salud y que desarma las nubes de polución que sobrevuelan las ciudades. En Wikipedia el mistral es un señor viento. ¿Lo habrá escrito un senegalés?


De la huerta a la feria de Aix

Se puede llegar de casualidad y estar ante un auténtico ejemplo de turismo espontáneo. Pero con las fechas y horarios a mano, uno puede asegurarse la visita. Los martes, jueves y sábados, desde las 7 de la mañana hasta las 13 -ni un minuto más- hay un mercado de frutas y verduras en la Plaza Richelme, a metros del Hôtel de Ville de Aix en Provence. Todo fresco, mucho olor a hierbas, a queso, a embutidos y a rúcula cortada hace media hora, no más.

El mercado está en la misma plaza desde la Edad Media.

Los puesteros gritan y son malhumorados. Pero siempre dan a probar, no una mísera miguita, sino un buen bocado de chorizo casero, de salchicha bañada en hierbas de Provence.

Ajos fuera de serie. Sólo verlos daban ganas de cortarlos y freirlos. O de llamar a Cézanne para que improvise una naturaleza muerta de ajos con cáscara roja.

Variedades desconocidas y resplandecientes de cebolla de verdeo.

En el mercado los precios son mucho más bajos que en el supermercado, y la mercadería mucho más real. En el super, las frutillas de frigorífico parecen plásticas y anémicas.

En los mercados de La Provence, la lavanda nunca falta. Ni las mezclas de hierbas aromáticas para acompañar “todas las cocinas”. La bolsita de lavanta cuesta entre 2 y 6 euros según el tamaño. Me dijo el que las hace y vende que la guarde en el cajón, y cada dos o tres meses la frote para que salga con más intensidad el aroma maravilloso.


La gran expo Picasso-Cézanne

Pablo Picasso era un fan de Paul Cézanne. Y aunque vivieron en distintas épocas, pronto estarán juntos en una megamuestra en Francia.

A tal punto que llegó a compartir la fascinación de Cézanne por las luces de La Provence.

Y un día de 1958, ya viejo, con fama y dinero, fue y se compró el Chateau de Vauvenargue, a la sombra del Monte St. Victoire, ese que tanto pintó Paul Cézanne.

En el jardín de ese Chateau está enterrado el autor del Guernica, junto a su última mujer Jacqueline Roque, con la que estuvo los 20 años finales de su vida.
Picasso murió en 1973 y Jacqueline no pudo reponerse; en 1986 se suicidó. Según muchos, la historia del pintor español y su musa fue una de las más tristes historias de amor del siglo XX.

Volviendo a Cezánne y a Picasso, dos grandes que seguramente hubieran sido amigos, entre junio y septiembre de 2009 habrá una gran exposición-homenaje en el castillo de Vauvenargue, que contará la influencia de Paul en Pablo.

Todavía falta para la muestra, pero en la zona ya se habla de la muestra, según muchos una buena excusa para visitar el misterioso castillo.

Se podrán ver 80 Picassos y 20 Cézanne. Si bien el nombre de la expo todavía no está confirmado, es probable que sea Facing de Sun. De cara al sol -y a la luz- de La Provence.


Monet, otro fanático de los coquelicots

Parece que desde que vio estas amapolas silvestres, Claude quedó impresionado. Tiempo después pintó esta tela de una madre y su hijo paseando al aire libre, en Argenteuil, un día de verano. La pintura, Coquelicots, se puede ver en el Musée D’ Orsay, en París. La entrada cuesta 8 euros. Horario: de 9 a 18 y los jueves, hasta las 21.30.


El atelier de Paul Cézanne

Las luces provenzales esconden algún misterio, y si bien en este viaje me tocan días de lluvia percibo una luminosidad especial aún en la tormenta. Un matiz. Como si la lavanda, el tomillo, la menta, la salvia y el regaliz del campo se reflejaran en el cielo.

Muchos pintores franceses del siglo XIX buscaron esa luz de La Provence, y Paul Cézanne fue especialmente fanático. Cézanne nació en 1839 en pleno centro de Aix en Provence, no muy lejos de la fábrica de sombreros de su padre. Aunque en algunos tiempos viajó seguido, Cézanne siempre quería volver a La Provence.

“Cuando estaba en Aix, tenia la impresion que me encontraria mejor en otro lugar, ahora que estoy aqui, echo en falta Aix… cuando uno ha nacido alli, esta perdido, ya no le atrae ningun otro lugar”.

El atelier de Cézanne está a un par de kilómetros del centro de Aix. Se llega caminando sin problemas. La oficina de turismo local ha ideado cincocircuitos representados por cinco colores que siguen distintos recorridos que el pintor hizo en su época. Uno de ellos, el gris, lleva al atelier. Basta seguir unos cuadrados de bronce en la calzada que dicen Cézanne.

En todos los recorridos, está presente el Monte Saint Victoire, el monte fetiche del pintor, el que aparece en esta pintura y en otras 86, entre óleos y acuarelas. Las distintas luces sobre el Sainte Victoire fueron una de sus obsesiones.

Al parecer Cézanne fue un tipo solitario. No salía demasiado, ni tenía muchos amigos, salvo Emile Zola durante los años de su infancia y adolescencia. Tampoco vendió cuadros. Tenía un padre rico que le financiaba su vida artística y después un padre muerto que le dejó una herencia.

Cada tanto, algún amigo le compraba obra, casi como una ayuda porque se supo que varios de ellos, como Zola por ejemplo, nunca los colgaron. En vida fue un pintor ignorado. Hoy, se considera a Cezanne el padre del arte moderno y sus cuadros se venden en millones de dólares.

Para llegar al taller hay que caminar una subida larga, la misma que Cézanne caminaba todos los días hace 150 años. La casa se esconde en un monte de plátanos, olivos y pinos que por esta época lucen verdes y llenos de sombra.

El cuarto donde pintaba es enorme. Tiene un gran ventanal y todavía están los mismos muebles, algunos pinceles, una escalera alta y parte de los objetos que utilizaba para sus naturalezas muertas. Hasta se puede ver sus trajes de pintor y los sombreros que usaba (foto). Pero lo más lindo del atelier es el jardín que lo rodea, donde hoy se exponen obras de arte. Y el gato mimoso que anda por ahí. Todos querían que fuera Paul. Pero es Pola.



Sobre el Puente de Avignon…

Hace unos días caminé sobre el Puente de Avignon. Hasta donde se puede, eso sí, porque el puente está cortado.

Nada que ver con los cortes que ya se han vuelto un clásico argentino actual. El Puente de Saint Bénezet conocido como Puente de Avignon, fue construido y reconstruido varias veces desde el siglo XII.

Las guerras y las inundaciones del Ródano lo destruyeron y los sucesivos reyes mandaban a reconstruirlo. Hasta que allá por el siglo XVII fue abandonado y quedó cortado para siempre. Hoy se ve como en esta foto. El fin llega un poco después de la mitad, más allá el Ródano corre apurado.

Hoy Avignon es una ciudad de 100.000 habitantes con murallas y un pequeño casco medieval. Los turistas visitan el puente, cantan la canción, recorren el grandioso Palacio de los Papas y si probablemente prueben el reconocido vino Chateauneuf du Pape. En julio de cada año se celebra el Festival de Avignon, uno de los festivales de teatro más importante del mundo. Quien vaya en esa época deberá reservar con meses de anticipación: la ciudad desborda.

Pero en otros tiempos, cuando en Avignon vivían 20.000 personas y se la llamaba Altera Roma porque era la ciudad donde residían los papas (de Clemente V a Gregorio XI), existía un dicho sobre el puente de Saint Bénezet: “Si el puente de Avignon atravesaras al menos dos monjes, dos asnos y dos putas encontraras”. En esta época, nada de eso. Los encuentros son más uniformes: puros turistas. Sólo en 2007 lo visitaron 367.000 personas (La entrada cuesta 4 euros, pero hay descuentos de entre el 20 y el 50% después del segundo monumento visitado en la ciudad).

La famosa canción Sur le Pont D’Avignon nació en el siglo XV como una canción popular para dormir a los bebés. Luego Pierre Certon la convirtió en una misa y más tarde, a mediados de 1800, se estrenó como opereta en París. Un detalle: si bien siempre se cantó “sobre” el puente de… la verdad es que no se bailaba arriba, sino debajo de él.

Ha sido interpretada cientas de veces en varios idiomas y ritmos musicales. Tanto, que debajo del puente hay un espacio para escuchar diferentes versiones de ayer y de hoy, desde la salsa hasta el rap. Incluso, es posible un karaoke con el tema. Aquí, la elegante versión de Jean Sablon grabada en 1962: