Al Amazonas, con mochila

Cuando conocí a Javier Olaciregui me contó que estaba buscando trabajo, que quizás conseguía uno en una bodega y que le gustaba la idea porque tendría que viajar.

Javier tiene 22 años y vive en Buenos Aires. Le pregunté si ya había viajado y me dijo que si. Inmediatamente se abrieron otras ventanas en la conversación. Y el trabajo y la reunión donde nos conocimos habían quedado atrás. Al frente sólo se veía el paisaje verde y salvaje del Amazonas, su último viaje.

Viajó solo y acompañado, viajó entre plátanos, chanchos y gallinas; viajó en barcos cómodos y con buena comida y en barcos tenebrosos. Durmió en hamacas durante más de un mes y comió arroz y más arroz. Seguramente, en algún momento del viaje se preguntó qué hago aquí y quiso salir corriendo. Pero no se bajó del barco. Siguió hasta Belem, en el estado de Pará, donde desemboca el río más caudaloso del mundo.

 ¿Cómo fue tu viaje?
Comenzó en el norte argentino, provincia de Jujuy, recorriendo Purmamarca, Tilcara, Humauaca, Iruya y La Quiaca. Siguió por Bolivia. De la frontera, un colectivo a La Paz, de ahí a Copacabana y después, a Perú.
Cuzco, Machupichu, Lima, y unas playas al norte del país, en el pueblo de Zorritos, muy cerca de la frontera con Ecuador. De ahí un ómnibus a Guayaquil y otro a Montañitas. A 20 minutos de ahí, en un parador sobre la playa, el Kamala, armamos un grupo de cinco personas, que seguimos al Amazonas.

 ¿Era tu primer viaje de mochilero?
No, ya había viajado antes, al sur de Argentina, a Tucumán, Salta, Jujuy y Bolivia.

¿Cómo decidiste viajar al Amazonas?
Creo que lo que me inspiró a ir al Amazonas fue que no estaba en mis planes. Surgió así de repente. Un día, en Ecuador, empezamos a hablar de que sería una excelente aventura. Una persona contó que lo había hecho y empezó a hablar del camino y las experiencias que había vivido y a todos nos entusiasmó y decidimos hacerlo también.

¿Viajaste solo?
Empecé el viaje solo por decisión, quería tener la experiencia en algún momento, antes de viajar, iba a tener compañía de dos amigos pero despúes se bajaron, y arranqué solo.
Los primeros días fueron bastante duros ya que no había muchos con quien hablar o yo no estaba bien predispuesto a hacerlo, después cambiaron un poco las cosas, yo me solté un poco más y conocí gente con la que seguí todo el viaje, incluso en el Amazonas. Gomes, Chela, Gema y Jorge, por siempre gracias. (Fueron sus compañeros de viaje, los encontró en el camino y se los ve en esta foto).

 ¿Cuál fue el recorrido en el Amazonas?
A la selva partí desde Ecuador, desde Coca, en una embarcación pequeña. Fueron doce horas hasta la frontera con Perú, ahí estuvimos en el pueblo de Pantoja, donde después de seis días llegó otro barco para seguir avanzando por el río. Cuatro días en un barco que no era turístico sino de carga de animales: chanchos, gallos, gallinas, tortugas, una vaca, un toro, un búfalo, y nosotros durmiendo en las hamacas, comiendo yuca, platano, arroz, y más platano, con alguna fruta que recogíamos de los árboles. Una experiencia Increíble.

¿Cuánto duró el viaje por el río?
En recorrer todo el río tardamos alrededor de un mes y medio.

¿Pararon en algún momento? ¿Entraron en la selva?
Paramos en Pantoja, en Iquitos, en Piura, desde donde fuimos a conocer a la comunidad Bora y el Señor Manuel y su familia nos hospedaron en su casa, luego fuimos a Tabatinga, Manaos, y desde ahí a Belem. La experiencia más profunda de ingresar a la selva fue camino a la comunidad Bora, a seis horas en canoa por un pequeño brazo del río Amazonas. Manuel nos recibió con un plato de comida caliente en la Maloca (casa del lugar), comenzamos a dialogar, en español -la lengua Bora era bastante complicada para nosotros- y pasamos el día allí conviviendo con Manuel y su familia, participando de sus actividades y viviendo lo que para nosotros eran rituales increíbles. Cazaban, recolectaban, compartían todo con nosotros. Les dimos a probar mate, que les gustó mucho y comimos carne con yuca. Luego, compartimos un pequeño fogón donde probamos coca molida preparada ahí. Y charlamos y nos reímos hasta bastante entrada la noche.


Argentina según los trotamundos idiomáticos

Recuerdo haber visto escuelas de español en Guatemala, Perú y también en México, pero hasta hace relativamente poco, nunca en Argentina.

Antes de 2001, el turismo idiomático en este país era una curiosidad. Venían pocos extranjeros a la Argentina, un país demasiado caro.

Pero después de la devaluación, Argentina -no sólo Buenos Aires- se abrió como una opción interesante y recibe más de 30.000 turistas por año, que llegan a aprender español.

María del Carmen Moore nació y vive en Córdoba, es Licenciada en Ciencia Política y trabaja hace cinco años en un instituto que recibe extranjeros -la mayoría alemanes- en plan de intercambio. Jóvenes que se quedan varios meses en Córdoba, que estudian el idioma y aprovechan para viajar por el país.

María del Carmen es una muy buena alumna de mi curso de Periodismo Turístico y después de una encuesta casera entre los estudiantes -que tienen entre 18 y 25 años-, cuenta en Especial para Viajes Libres el ránking de los lugares que los alemanes -que estudian español en Córdoba- más visitan en Argentina.

Córdoba, con su tradición universitaria, es el segundo destino para el turismo idiomático, después de Buenos Aires. Córdoba está ubicada en el centro de Argentina, y por eso resulta más fácil trasladarse a diferentes ciudades. Otro factor importante es la cantidad y frecuencia de medios de transportes que conectan a la capital cordobesa con todos los destinos visitados por los turistas. Mientras estudian, los chicos recorren la provincia. Eso sí, nunca le pregunten a un alemán si Villa General Belgrano es igual a Alemania, porque la respuesta será tajante… ¡nein! No está en la lista de lugares que ellos recomiendan. Cuando terminan de estudiar viajan por el país el país. Tienen sus destinos favoritos, que de boca en boca alcanzan fama en tierras lejanas.

1- CIUDAD DE BUENOS AIRES
“Ciudad europea con espíritu latino”, así describen los estudiantes alemanes a la capital del país.
Pasean por San Telmo y visitan los muertos ilustres en Recoleta; fotografían el colorido de la Boca y compran souvenirs en Caminito. Pero el motivo principal del viaje a Buenos Aires es presenciar un súper clásico Boca- River, y si es en la Bombonera ¡mejor ! Si no es fecha de súper clásico, un recorrido por el museo de la pasión boquense les hace revivir el clima del juego.
Aunque griten “toa” en lugar de “gol”, los alemanes viven el fútbol con pasión.
Estadio Boca Juniors (Bombonera): Dirección: Brandsen 805, Capital Federal
Museo Pasión Boquense. Lunes a Domingos de 10 a 18 horas. El horario se modifica los días en que hay partido en La Bombonera. Entrada: 30 $ (pesos argentinos).

2- MENDOZA
No sólo de cerveza vive el alemán…
El viajero europeo suele leer sobre el destino que visitará. Especialmente el alemán, para quien la planificación es un modo de vida. Por eso saben que Mendoza es la “tierra del sol y del buen vino”.
Una de las bodegas más visitada es La Rural. Allí, en el Museo del Vino, aprenden todo el proceso de elaboración, desde la parra hasta la copa. Luego los espera el almuerzo criollo, con degustación de vinos, bajo el sol cuyano y con la Cordillera de los Andes como escenografía.
Bodega La Rural y Museo del Vino. Lunes a sábado, de 9 a 17 hs. y domingos y feriados de 10 a 14 hs. Montecaseros 2625 – Coquimbito Maipú, Mendoza. Entrada gratuita.

3 – ISCHIGUALASTO y TALAMPAYA
El Valle de la Luna, en San Juan, es un escenario imposible de imaginar para los jóvenes europeos.
La Cancha de Bochas parece obra de un escultor. El Hongo es una muestra de la acción del viento y la erosión, una obra asombrosa de la naturaleza.
Talampaya, en La Rioja, los deslumbra de igual manera. El Cóndor andino sobrevuela el Cañón, custodiándolo. El Monje, su formación más representativa, es la foto perfecta para un recuerdo que perdurará toda la vida.
Parque Nacional Ichigualasto: Entrada: $35 pesos.
Parque Nacional Talampaya, Entrada: 20 pesos.

4- SALTA Y JUJUY
El noroeste argentino sorprende a los estudiantes extranjeros con su variedad de colores. El blanco de las Salinas Grandes en el límite Salta- Jujuy; los 7 colores del Cerro en Purmamarca; el cielo celeste que acompaña el camino del Tren a las nubes; el cobre de San Antonio.
Les atrae el ritmo de los norteños, sin prisa, que se contrapone al vértigo de las grandes ciudades.
Los sabores del norte (empanadas, humitas y tamales) con calidad y precios accesibles son el menú perfecto para un estudiante trotamundos.
Tren a las Nubes. Estación de Salta, Ameghino y Balcarce. El paseo cuesta desde U$S 140 . 
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Los viñedos más altos del mundo, en Colomé

Colomé está casi en las nubes, pero todavía es la provincia de Salta, Argentina.

En la zona había un antiguo viñedo de un tal Dávalos. Hace unos ocho años lo compró Donald Hess, un viñatero suizo con experiencia en Estados Unidos, Australia y Sudáfrica.

Después de probar a varios enólogos, Hess se decidió por el joven y talentoso francés Thibaut Delmotte, que dejó los viñedos de Bordeaux para instalarse en Colomé, casi en las nubes.

De esto ya pasaron tres años. La bodega sigue creciendo, los vinos son cada vez mejores y detalle curioso, los viñedos, cada vez más altos. Además de los cultivos principales, que están en pueblito de Colomé, se han plantado vides cerca de Payogasta, una media hora al norte de Chachi.

Unos días atrás Thibaut pasó por Buenos Aires para presentar Colomé Malbec Estate 2006 y Colomé Reserva 2005, las nuevas cosechas de la bodega salteña más antigua.

Ahí me contó sobre estos viñedos altos, que llevan el nombre Altura Máxima. “Por ahora -me dijo- tenemos diez hectáreas plantadas con Malbec, Pinot Noir, Merlot, Sauvignon Blanc y Chardonnay.

Todavía no se cosechó nada -creen la cosecha será el año próximo- pero ya han hecho pruebas y al parecer la amplitud termica (20ºC de diferencia entre dia y noche) permite desarollar aromas muy frutados y elegantes, tambien guarda la acidez de la fruta

“Entonces tenemos vinos frescos -me dice Thibaut cada vez con menos acento francés-. A estas alturas, tenemos más Ultra Violeta y la fruta reacciona a estos UV: tiene piel mas gruesa y mas oscura, y la piel da todo a los vinos tintos: color, aromas, taninos… entonces por eso tenemos vinos muy oscuros, casi negros, aromas intensos y elegantes y taninos potentes pero redondos y refinados. Pensamos estas calidades van a estar multipicadas a mayor altura”.

Por ahora, Colomé tiene viñedos hasta 3002 metros de altura y son los más altos del mundo. Pero los planes van todavía más arriba. Y según ha trascendido, el Guiness está cerca: “quizás 2009 o 2010″.

Antes de volver a Salta, el enólogo francés me cuenta otra ventaja de las alturas: “Esto es una teoría, nada más, pero un inglés hizo un estudio que demuestra que el vino es bueno para los problemas de corazón. Son los polifenoles (antioxidante natural del vino) que permiten eso. Y estos polifenoles estan en la piel de la uva, entonces… más piel, más polifenoles, ¡mejor para la salud!”. Dice Thibaut, el francés, como un salteño más.


Vuelve el Tren a las Nubes

Después de tantos anuncios, que recordaban más al cuento del pastor mentiroso y el lobo que nunca llegaba, finalmente hoy regresa el tren más famoso de la Argentina, el histórico Tren a las Nubes, uno de los más altos del mundo (4200 m), que recorre poco más de 400 kilómetros en las intimidades de la provincia argentina de Salta.

El ferrocarril había estado suspendido más de tres años, desde que un día, allá por julio de 2005, dejó varados a 500 turistas en el medio de la Puna. Después, hubo varias amenazas de vuelta pero a todas se las llevaba el viento del norte.  

Unos meses antes de que se suspendiera, viajé el tren. Pasé por los 29 puentes, 21 túneles, 13 viaductos, 2 rulos y 2 zig-zag. El recorrido total dura unas quince horas: las primeras, cuando el tren deja la estación salteña, todo es novedad, paisajes áridos y fotos de amanecer. Con el sol más alto, fui a la estafeta postal del tren y sellé mi pasaporte con el viaducto. Después me tomé un café y escuché a la coplera Mariana Carrizo hacer bromas sobre su suegra y los viejos verdes.

                                      

El problema vino después. Después del viaducto, después de los 4200 metros, después del show de cantar el himno nacional en San Antonio de los Cobres. El problema vino cuando me quise arrancar la cabeza por las puntadas que tenía. El soroche o mal de altura puede ser un compañero de viaje. En el coche restaurante venden té de coca para aplacar el dolor. Voy a ser realista: a veces funciona, otras no.

Por ahora, el tren tendrá tres frecuencias por semana y llevará cerca de 200 pasajeros, pero supuestamente, en una segunda etapa, con más vagones, trasladarán 500. Por ahora, el pasaje costará 100 dólares para argentinos y 140 para extranjeros. El precio incluye desayuno y almuerzo. Aunque dicen algunos que para el mal de altura, mejor que comer es tomar agua. El tema es que no hay una teoría sobre cómo prevenirlo, sino varias. Todas contrapuestas y de efectividad dudosa. Pero para el remedio falta y quizás hasta no sea necesario. Mientras tanto, celebremos que la provincia decidió salvar al tren, y ¡buen viaje!


De California a Nueva York en un inodoro

Así están las cosas en el universo del turismo económico. Esperas abajo del avión y esperas arriba del avión; cambios imprevistos, comida mala y ahora lo último: ¡viajar en el inodoro!

Una aerolínea estadounidense de bajo costo no sólo sobrevendió el vuelo, sino que subió a un pasajero demás.

Gokhan Mutlu tenía un pasaje con descuento, de esos que les dan a los empleados de las compañías aéreas y ellos venden o regalan a sus amigos. Son pasajes de lista de espera. A veces toca ir varias veces al aeropuerto hasta poder viajar. En Jet Blue, esos pasajes se llaman Buddy Pass (pasaje de amigo). Aunque en este caso, se parece más a un pasaje de enemigo.

El tema es que a último momento, Mutlu subió al avión. Primero, lo acomodaron en el asiento de una azafata (jump seat). Probablemente él creyó que viajaría ahí hasta Nueva York. Sin embargo, luego de una hora y media de viaje, el piloto le anunció una decisión irreversible. Debía dejar el asiento a al azafata porque sólo la tripulación ocupa esos lugares. En ese momento, Mutlu habrá imaginado que sacaron un asiento de la galera, que contaron mal y quedaba uno libre. Nada que ver. Inmediatamente, el piloto le comunicó a Mutlu que tendría que viajar adentro del baño, sentado en el inodoro, el único asiento disponible del vuelo.

Cuando aterrizaron en Nueva York, el piloto fue a despedirlo en la escalerilla. Le hizo un guiño y le dijo: “Lo traje a casa, eh”.

Mutlu salió horrorizado y demandó a Jet Blue por dos millones de dólares. Declaró que sufrió un trauma psicológico y emocional. “Fui humillado y deshonrado públicamente”, dijo muy enojado.

Gokhan Mutlu la pasó mal, seguramente. Tal vez lloró sentado en la tapa del inodoro y vio sus lágrimas en el espejo que tenía enfrente y se lavó las manos histéricamente varias veces seguidas.

Eso sí, si acaso Mutlu gana el juicio podrá pagar una terapia de alto impacto, volar en cuanta primera clase se le ocurra y terminar riéndose del suceso bizarro. Quizás hasta escriba un libro y sea invitado a shows televisivos, donde siga ganando dinero. Quizás el toilet de Jet Blue haya sido el verdadero y único despegue Gokhan Mutlu.



El gran salto

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Bedjump.com es una página que además de hablar de vacaciones y vuelos y rentadoras de autos, cuenta y postea fotos sobre los mejores saltos en camas de hoteles… buenos se entiende. Porque si hubiera intentado saltar en mi cama del hotel donde dormí anoche seguramente hubiera caído sobre el huésped del piso de abajo. A continuación, saltos memorables.

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Si sos de los que prueban las camas de los hoteles con confianza y tenés fotos de saltos para compartir, podés subirlas acá.


Salta de noche, sin peñas ni empanadas

La nota que sigue cuenta sobre cinco bares nuevos en la ciudad del Tren a las Nubes, que hace poco comenzó a funcionar nuevamente. Por ahora hace el trayecto corto, hasta Santa Rosa de Tastil. Parece que en marzo se podrá llegar al Viaducto La Polvorilla. Fue escrita por Gastón Iñiguez, alumno de mi curso de periodismo turístico.

Gastón vive en Salta y trabaja hace años en el negocio del turismo. No es que odie las empanadas ni las peñas, qué va. Lo que pasa es que también le gusta el lounge, el chill out y el reggae, a pesar de vivir en una ciudad que se vende como la más
A continuación, Iñiguez recomienda su top five.

1- Pueblo chico, Infierno Grande. Dentro del nuevo complejo gastronómico de la calle Balcarce, donde se está la mayoría de las peñas tradicionales de la ciudad, Pueblo Chico reúne bares, restaurantes y principalmente un bar diminuto donde 20 personas parecen una multitud. Se llama Infierno Grande y los tragos de la casa son imperdibles: uno por cada pecado capital, mientras suena chillout, lounge y de acid jazz. Colores rojos intensos que levantan temperatura y luces bajas que fomentan la intimidad. Ameghino Esq. Balcarce (Galerías Pueblo Chico).

2- Los gauchos de ahora no son como los de antes y encima ¡les gusta salir entre ellos! El primer bar gay de Salta, Dr Jekill; tiene nombre y estilo internacional, variedad de tragos, música dance, tecno y buen ambiente entre los numerosos cuartos decorados con llamativo estilo. Luego de las 5am muta en afterhour. El trago que más sale es el Speed con Vodka. Siguen los vinos espumantes y un trago dulce llamado Pasión.  Es de color verde y sólo el barman sabe la receta. San Luis 761.

 3- Entre las peñas y los bares tradicionales de La calle Balcarce, lounge y sushi en Wasabi, un bar con nombre oriental, que combina música ambient, coctelería moderna y comida oriental. Aparte de los maki rolls y los nigiri, la especialidad de la casa es el california roll y el kappamaki que sólo lleva pepino condimentado con salsa wasabi. Estas preparaciones se suelen acompañar con un buen torrontés de Bodega El Esteco. Balcarce 938. 

4- Beelzebul. El Diablo golpea la cola y nos abre la puerta de un bar en una vieja bodega de la estación del Ferrocarril Belgrano. Un lugar decorado con estilo rústico y muebles de madera, donde se escucha buen rock. Bandas locales se presentan los sábados después de media noche, y si luego, tarde, es posible que los músicos suelten anécdotas. Como la que cuentan los miembros de la longeva Temerario Joe. El día que un cazatalentos capitalino se fijó en ellos brevemente para luego decidir quedarse con Los Cabezones que tenían mucho “más beat” y un amplio repertorio de canciones propias. Otra vez será. Necochea 748 – Salta – Argentina.

5- Cerveza y pastas caseras a la Luz de la Creciente. Salsa y reggae se cuelan en este bar del Paseo de los Poetas, una peatonal de dos cuadra que alguna vez fue canal y antes sólo se encontraba la famosa peña de Balderrama. Aquí hay cerveza artesanal -la mejor es la roja con gusto a cerezas-, y una especialidad de la casa: sorrentinos a los cuatro quesos en salsa de albahaca. El camarero es rasta y Bob Marley suena cada noche. Ojo: uno puede relajarse tanto que es posible que olvide la dieta. Esteco 275, Paseo De Los Poetas.




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