Laurinda, Tarsila y el huevo cabeza abajo

Laurinda Santos Lobo fue una brasileña de mucho dinero, gran promotora de la cultura en Río de Janeiro desde 1920 hasta 1946, cuando murió.

Tenía un palacete en el barrio de Santa Teresa, donde celebraba veladas culturales con intelectuales, poetas y músicos de la época.

Una vez se encontró con Tarsila do Amaral frente a su cuadro El huevo. Entonces, le dijo a la genial pintora brasileña: “Quiero que usted me explique, me gusta entender y soy un queso en questiones de pintura moderna. Yo sólo entiendo aquello que es obvio. ¿Qué quiere decir ese palito, esa vivorita, el huevo cabeza abajo?”.

Tarsila le respondió: “Ah! Doña Laurinda… Primero, pinté el palito, pero el cuadro estaba muy vacío. Entonces, pinté la vivorita subiendo por el palo, pero el cuadro seguía vacío. Ahí pinté el huevo…”

“Pero ¿qué quiere decir?”, insistió Laurinda.

“Nada”, respondió la pintora.


Una de amor: Lampião y María Bonita

La de Lampião y María Bonita es una historia de amor de las que me gustan.

Él era un cangaçeiro, raza de bandoleros que se dio en el sertão, una zona árida del nordeste brasileño, a fines del siglo XIX y principios del XX. No eran simples ladrones, los cangaçeiros reinvindicaban una revolución popular y un cambio en la sociedad. Iban armados y buscaban justicia.

El tema es que este señor de anteojos gruesos que se llamaba Virgulino Ferreira da Silva pero era más conocido como Lampião, andaba un día por las rutas sertanejas cuando vio en la parada de ómnibus a una mujer muy linda. Se cruzaron la mirada y Lampião se enamoró más rápido de lo que tarda en hidratarse una sopa instantánea. Ahí nomás la raptó. La subió a su caballo y se fue galopando por la tierra resquebrajada y seca del interior.

El nombre de la bella mujer que pasó a la historia como María Bonita era María Gómes de Oliveira. Ella se enamoró de Lampião y de su causa, y se convirtió en cangaçeiros. Además de cuatro hijos, de esa pareja nació una de las historias más románticas de Brasil. Duró ocho años y como las mejores terminó en tragedia. Una madrugada de 1938, la pareja y otros cangaçeiros fueron sorprendidos por la policía pernambucana, que los decapitó a todos. Ese fue el fin de la historia y el principio de la leyenda de María Bonita, la Reina del Canagaço.

Recordé la historia de Lampião y María Bonita en el Museo Chacara do Céu, en Río de Janeiro, mientras caminaba por la exposición de Mestre Vitalino, un gran artista popular nordestino que se dedicó a contar leyendas, usos y costumbres del interior agreste de Brasil a través de sus figuras de barro pintado.

(Este post se podría leer escuchando el tema Esperando na janela, del disco Eu tu eles, donde Gilberto Gil rescata antiguas canciones del sertão.)


Cariocas, gente feliz… salvo cuando llueve

El otro día, en un atélier de Santa Teresa una mujer de Mina Gerais que vive hace años en Río me contó algo sobre su imagen de los cariocas. Había más personas por ahí y todos asintieron.

Ella dijo algo así como que los cariocas son gente feliz, salvo cuando llueve. Después puso un ejemplo para explicar lo de gente feliz. Supongamos que hay una mesa de cariocas tomando una cerveza en ese barcito de ahí enfrente y de repente se levanta un viento fuerte y les tira la botella, que se cae y se rompe. Si la peña fuera paulista, primero que nada se preocupa, segundo se levanta y busca una mesa adentro porque le parece más prudente. Si no hay, posiblemente se vaya a otro bar. ¿Qué hacen los cariocas? Se ríen, bromean, le gritan al camarero que les traiga otra  y siguen su bate papo (charla) con el cabello revuelto.

Lo de la lluvia y el malhumor parece que es cierto. Ese día en el atélier, la mujer declaró que cuando llueve los cariocas hibernan. No salen de la casa, se deprimen. Como si no entendieran la lluvia.

Una noche le comenté esta impresión a Marcio, un barman carioca que enseguida me la confirmó. Según él, lo peor de la lluvia es que no pueden ir a la playa. “A nosotros nos gusta la playa. Los que se levantan temprano curten la playa antes de ir a trabajar. Corren, caminan, se meten al mar antes de ir a la oficina. Yo voy todas las tardes, y también los fines de semana. La playa es parte de mi vida”. Cuando me sirvió la caipirinha vi que andaba en havaianas. Entre los dedos todavía tenía granitos de arena. Me imaginé que serían de Ipanema, pero más tarde me contó que eran de Prainha, su playa favorita, a veinte kilómetros de Río.


Carmen Miranda prefería Río…

París

E eu também quis ir um dia a Paris
p’rá conhecer o que havia lá
E ao ver o metrô a saudade apertou
e vim correndo para cá
Paris! Paris! Teu rio é o Rio Sena
Paris! Paris! Tens loura mas não tens morena
Que lindas mulheres de olhos azuis!
Tu és a Cidade Luz…

Paris! Paris! “Je t’aime”
Mas eu gosto muito mais do Leme

Quando cheguei de alegria chorei
e achei o Rio lindo como quê!
Disquei 43-0023:
- Amor, como é que vai você?

 

Yo también quise ir un día a París
para conocer qué había allá
Y al ver el Metro la saudade apretó
y vine corriendo para acá
París! París! Tu río es el Río Sena
¡París! ¡París! Tienes rubia pero no tienes morena
¡Qué lindas mujeres de ojos azules!
Tú eres la Ciudad Luz
París! París! Je t’aime
pero me gusta mucho más Leme
Cuando llegué de alegría lloré
Y encontré a Río lindo como nada
Marqué 43-0023:
-Amor, ¿cómo te va?

 

 


Carla Bruni, Río y Woody Allen, un trío soñado

En el Año Internacional de Francia en Brasil, muchos cariocas hablan de Carla Bruni, la brasilera. ¿Brasilera? Si tiene sangre brasileña, ¡ela é brasileira! Eso creen muchos fans de la primera dama francesa, que en Brasil no deja de aparecer en las revistas.

La ex modelo, que unos días atrás lanzó su sitio oficial parece corresponder el cariño. En el abecedario que incluye en su página dedica una de las diez palabras que aparecen en la letra BBrasil. No dice nada sobre su sangre brasileña pero cuenta sobre su viaje oficial en diciembre del año pasado, cuando celebró su cumpleaños en la favela Pavao-Pavaozinho, en las colinas de Copacabana.

Los cariocas hablan de ella y esperan que sea la elegida de Woody Allen para su próxima película, que ojalá se filme en Río. Al parecer la próxima se filmaría en París, pero a los cariocas no les importa: ellos hablan de Carla en Río.

Saben que el publicista de Curitiba Cláudio Loureiro está en tratativas con los productores de Allen que en estos días están evaluando locaciones en Río. Visitaron el hotel Copacabana Palace, la antigua Confitería Colombo, el Tortoni brasileño, recorrieron el Jardín Botánico y viajaron en helicóptero a Angra dos Reis. Todavía no se confirmó, pero con la buena racha del país vecino es probable que se concrete. Si eso sucede sería la primera vez que el director pisara América del Sur. Río, Carla Bruni y Woody Allen, un trío que enciende la imaginación brasileña.


Los Simpsons, Río y los monos

“La temperatura en Río de Janeiro es una brasa, con 100 % de probabilidades de pasión“, eso dijo antes de aterrizar en Galeão el comandante de la aeronave donde viajaban Los Simpsons.

En 2002 Homero Simpson y su familia fueron a Río de vacaciones. Además de color y samba, en el episodio se ven favelas llenas de ratas, un taxista que rapta a Homero, el teleférico del Pan de Azúcar cayéndose por el morro y monos sueltos por la ciudad.

Muchos cariocas se enojaron y el ente de turismo de Rio, que había invertido millones en publicidad, amenazó con juicios y quizás hasta los hizo. Eso fue hace siete años.

Dos días atrás estuve en Río de Janeiro. Viajé en taxi, en metro y subi un cerro con un motoboy, un taxi moto. No me asaltaron ni me sentí insegura, a pesar de los tiros que se escuchaban en una favela cercana. Una mañana de sol le di pedacitos de banana a los monos que se acercaban al jardín tropical de la casa donde me quedé. “Con la Floresta da Tijuca en el corazón de la ciudad, es lógico que haya monos, y ¡es hermoso! Lo de los Simpsons fue un elogio, ¿Cuántas ciudades del mundo se dan el lujo de tener monos en sus árboles?”, me dijo una artista minera que vive en Río hace años.


Alegría modelo 2016, en Santa Teresa

Faltaban tres minutos para que se supiera cuál sería la sede de las próximas olimpíadas. Había salido el sol después de varios días de lluvia y el bondinho, el único tranvía que todavía se usa en Brasil, bajaba por una ladera del barrio de Santa Teresa, en Río de Janeiro.

De repente, se detuvo en el medio de la calle. Desde su puesto, el conductor pudo ver que estaban abriendo el sobre. Frenó el bondinho amarelo y se bajó. Atrás de él se bajó el tranvía entero. Todos juntos se amontonaron en la vereda, para ver un televisor que había adentro de una casa pintada de rosa. En el próximo cuadro están todos abrazados, saltando, riendo. Río había ganado. Ellos también. Enseguida, el conductor subió y atrás de él todo el pasaje. Y siguieron viaje.

***

Me cuenta una periodista las dos bromas del día en los pasillos de un diario. La primera es que lo mejor no es que haya ganado Río, sino que no haya sido Buenos Aires la primera ciudad latinoamericana en ser la sede de las próximas Olimpíadas. La segunda, que San Pablo está deprimido porque no torcia (hinchaba) por Río, sino por Tokio. ¿O no sabías que tiene una importante comunidad japonesa? La briga (pelea) San Pablo -Río está bien alimentada.

***

Habían pasado dos horas de la votación y el ómnibus se detuvo en la parada y subió una señora con la bolsa de la compra. Saludó al conductor porque en Santa Teresa, un barrio antiguo y bohemio de Río, la mayoría de la gente se conoce y se saluda. Lo saludó de buenas tardes. Pero al chofer le pareció poco. “No son buenas, son excelentes. Porque usted no es española, señora, usted es brasilera, usted es carioca y esta es una tarde ¡excelente! Y nuestro presidente es un vencedor. Excelente tarde, señora”. La mujer estaba sentada, el ónmibus rodaba por la subida de paralelepípedos, como le llaman al empedrado, y el chofer seguía alabando a Lula porque “ese señor sí sabe lo que hace”.

***

Faltaba un día para la votación y le pregunté a un empleado de una casa de cambio si tenía ganas de que su ciudad ganara. Me miro indiferente y me dijo que prefería que invirtieran en salud y educación. De los juegos panamericanos no nos quedó nada. Un estadio, nada más.


Río de Janeiro, gosto de voce

Río de Janeiro, del disco “Vivo Feliz”, de Elza Soares.




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